JULIÁN AGUSTÍN RULLÁN
A principios de este año, el Gobierno provincial impulsó un proyecto llamado Billetera Santa Fe. Este tiene el objetivo de incentivar la demanda de bienes y servicios otorgando reintegros de hasta un 30% a los consumidores finales en diversos rubros. Esta medida tuvo una gran aceptación por parte de los santafesinos, tanto que se decidió extender el programa hasta diciembre de 2023, al final del mandato del gobernador Omar Perotti. Hasta ahora, la cosa aparenta haber ido de maravilla, la gente está satisfecha y no parecen haber resultados perjudiciales, pero ¿Qué consecuencias puede tener este programa? ¿Realmente ayudará a los consumidores, o a largo plazo el remedio será peor que la enfermedad? Veámoslo.
A primera vista, el programa puede parecer excelente. ¿Quién no querría un 30% de reintegro en alimentos, indumentaria, muebles o jugueterías, entre los diversos rubros incluidos, o un 20% en informática y artículos del hogar? Pero algo que nos enseñó el valioso libro La Economía en una Lección, escrito por Henry Hazlitt es que los resultados de las diversas medidas tienen que ser vistos a largo plazo y para el conjunto de la población, y no a corto y para un grupo determinado.
Lo primero que nos tenemos que preguntar al ver un programa de este estilo, que subsidia a los consumidores finales, es de dónde obtendrá el Estado el dinero en cuestión. Hay que tener en claro que este es incapaz de crear riqueza, debido a que esta solo se puede generar en un ambiente libre y con competencia. Dicho esto, diremos que el Estado solo tiene 3 maneras de financiarse:
- Mediante impuestos: En el caso argentino, la carga impositiva es tan alta, que los individuos, por lo general, son incapaces de ahorrar e invertir.
- Mediante emisión: Conocemos muy bien las consecuencias de esto en nuestro país. Debido a que la inflación es un fenómeno monetario (el precio del dinero se basa en la oferta y la demanda), a mayor oferta de dinero, menor es la capacidad de compra de este, siempre y cuando la demanda no aumente. Hay que aclarar que esta medida solo es válida para el Estado nacional, debido a que las provincias no tienen capacidad de emitir dinero.
- Mediante deuda: En definitiva, como el Estado es incapaz de crear riqueza, la deuda obtenida se traduce en una promesa de impuestos futuros.
Dicho esto, podremos ver con claridad que el programa Billetera Santa Fe es un programa redistributivo, dado que, como expuso Hazlitt, el Estado nunca brinda algo a los ciudadanos que previamente no haya sacado de ellos mismos. Hay que ver claro que el dinero utilizado en el reintegro a los consumidores de los comercios adheridos al programa, es dinero que los individuos dejarán de ahorrar o de gastar en otros comercios, por lo que el consumo y la riqueza al final del día no habrán aumentado. Son para destacar las palabras de Henry Hazlitt en La Economía en una Lección, que resumen perfectamente las consecuencias de estos programas:
En resumen, la concesión de empréstitos estatales a individuos o proyectos privados se preocupa por B y olvida a A. Ve a las personas en cuyas manos se pone el capital, pero ignora a aquellas que de otro modo lo hubieran conseguido. Contempla el proyecto para el cual fueron concedidos los fondos; olvida los proyectos a los cuales, por ello, tal dinero se niega. Ve el beneficio inmediato para un sector mientras se desentiende de la pérdida experimentada por otros grupos y del quebranto irrogado, en definitiva, al conjunto de la comunidad. (p.81)
La situación en Santa Fe, con la pobreza rozando el 40% en el Gran Santa Fe y en el Gran Rosario, y con una gran cantidad de comercios cerrados debido a las estrictas restricciones por la cuarentena y el alto esfuerzo fiscal, es desesperada. Es posible que el Gobierno provincial tenga las mejores intenciones con este programa, pero como decía correctamente Milton Friedman, economista ganador del Premio Nobel en 1976, las políticas no se tienen que juzgar por sus intenciones, sino por sus resultados. Este tipo de medidas redistributivas se han probado incontables veces en nuestro país, y siempre fallan en lo mismo: atienden a las consecuencias en lugar de a las causas de los problemas.
Es evidente que, tanto en Santa Fe como en Argentina, los comercios y los individuos cada vez tienen menos capacidad de compra, pero esto es consecuencia de la cantidad de impuestos y regulaciones, sumado a una exorbitante emisión monetaria, que no permite hacer lo imprescindible que hay que hacer si se quiere consumir: ahorrar.
Lo mejor que puede hacer cualquier Gobierno si se pretende aumentar el consumo, es incentivar el ahorro, para lograr mayor consumo futuro. Esto sólo se puede obtener brindándole más libertad y capacidad de gestionar sus recursos a los individuos, y no quitando recursos a una parte de la población para dárselos a otra. Si algo nos enseña la evidencia empírica, es que la sociedad en su conjunto se enriquece y es más próspera mientras más libre es y mayor capacidad de gestión de recursos tiene.
Este tipo de medidas en un primer lugar pueden parecer excelentes y beneficiosas, pero no hay que quedarse en lo superficial. Los programas redistributivos de esta índole solo nos pueden dar pan para hoy y hambre para mañana. Cuando nos demos cuenta de que lo único que pretenden es hacer demagogia y caridad con el bolsillo ajeno, podremos exigirles a los Gobiernos que se quiten del medio y nos dejen el camino libre para desarrollar nuestro plan vital como más nos guste.
Escrito por Julián Agustín Rullán, estudiante de Lic. en Relaciones Internacionales (UAI) y miembro del Grupo Joven de Fundación Libertad.
