CATALINA MARIA KESTENS
Argentina está perdida, es usual y familiar esta frase, no es ajena y se presenta de modo recurrente a los cientos de argentinos que conforman nuestro país. En tiempos como los que corren es normal preguntarse como se llega a nivel sociedad a éste estado de abandono y soledad que nos aqueja. Pero la respuesta podría estar en que la indiferencia es la nueva máxima del comportamiento del cuerpo social.
Generalmente solemos aplicar dicha máxima para evitar vernos involucrados en cuestiones que no nos conciernen o que ilusamente creemos que no nos conciernen. Esta convención tácita en la que estamos sumidos hace que muchas veces, alguien más salga perjudicado. Un ejemplo es la cuestión de la inseguridad.
Pareciera que en este país la inseguridad es una condición sine qua non sin la cual éste no sería lo que es. No obstante como ciudadanos deberíamos intentar cambiar esta mentalidad. Ya tenemos naturalizado vivir en este estado de anomia e incertidumbre y eso es lo que resulta sorprendente. No poder salir a la calle porque te marcan a la salida de un banco, o porque te disparan para quitarte zapatillas o un celular , no es una situación que ha de ser normalizada e interiorizada como correcta.
Más es necesario comprender los móviles que motivan la práctica delictiva de la que somos víctimas. Pero a mi humilde entender no existen otros motivos suficientes que solventen una explicación lógica de por qué la gente delinque, más que la incompetencia estatal , y no, las razones de carencias económicas no son suficientes y mucho menos las de la “falta de oportunidades”.
Vemos así que el paternalismo y el clientelismo político con sus prácticas que subyugan, han creado una suerte de cultura donde los victimarios son las víctimas y donde los derechos humanos solo rigen para un grupo social : delincuentes y no para todo el conjunto de la sociedad, y nunca bajo ningún concepto para la gente honesta.
Quizás lo que hace falta hoy es la rendición de cuentas, desde el gobierno deberían dar respuestas , por qué dejan sueltos a violadores y delincuentes sin problema alguno y al que cumple con su deber de resguardar a la población como es el caso del policía que mató un delincuente, se lo crucifica y se lo demoniza. Digamos que en primera instancia está haciendo su trabajo y si el Estado no garantizara la impunidad de los que delinquen no tendría que llegar a tal extremo.
Pero esto parece el Reino del Revés y la indiferencia genera una vez más injusticias.
No es momento de desoír los pedidos por justicia, no deberíamos bajar los brazos y dejar de exigir lo que nos corresponde por derecho natural , que es el derecho a la vida. El derecho de tener seguridad para poder desenvolver nuestra originalidad como nos plazca y no ver nuestras metas truncas porque a alguien se le ocurrió matarnos por nada. Es momento que alguien tome cartas en el asunto y que las fuerzas de seguridad dejen de ser cómplices y comienzen a cuidarnos enserio. Para no estar a la deriva , para que dejemos de estar “perdidos” , y a partir de allí crecer como sociedad y lograr mejorar falta mucho sin embargo es necesario actuar, dejar de lado la impunidad y la impotencia. Ser parte de un cambio que ponga primero a la gente y luego al Estado , primero a los gobernados y por último a la codicia y la rapiña .
En resumidas cuentas lo que mata a la indiferencia es la educación y la responsabilidad de cada uno, el sentir que todos podemos aportar para mejorar algo y que esa intención sea respaldada desde los entes responsables de nuestra seguridad, solo asi llegaremos a buen puerto, hasta entonces nos toca transitar la vida como se puede y agradeciendo cada día volver a casa vivos.
Por Catalina María Kestens, estudiante de Relaciones Internacionales y miembra del Grupo Joven de Fundación Libertad