Grupo Joven Fundación Libertad

LA IMPORTANCIA DEL GRADO DE PROFUNDIZACIÓN FINANCIERA

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TOMÁS BUSSI

El grado de profundización financiera hace referencia a la cantidad de depósitos bancarios existentes y la retención de activos financieros locales en una economía. Este concepto es importante para el crecimiento, ya que mientras más alta esta profundización, más accesible se vuelve el crédito tanto para la inversión como para el consumo. También se utiliza el término “monetización”. Una economía monetizada es aquella en la que se demandan altamente sus activos financieros, propio de los países desarrollados.

Aunque el hecho de que las personas decidan colocar sus fondos en bancos, bonos o títulos locales depende de muchos factores, es claro que la baja inflación y la estabilidad cambiaria son claves. Pocas personas depositarían su dinero en un activo con alto riesgo de presentar pérdidas en términos reales (es decir, que la inflación sea más alta que el rendimiento que genera). Se vuelve más atractivo demandar activos extranjeros con mayor seguridad. Esto es lo que pasa en Argentina: la gente huye hacia el dólar. Tener dicha moneda bajo el colchón como forma de ahorro no permite que ese dinero ingrese al sistema y sea canalizado a las inversiones mediante crédito.

La desmonetización de la economía argentina tiene su origen a mediados del siglo pasado. Utilizando el indicador M3/PBI (1) (cantidad de circulante, depósitos en cuenta corriente, caja de ahorro y plazo fijo que las personas deciden mantener como proporción del PBI) se puede observar cómo fue evolucionando a lo largo de los años.

 En la década de 1940, dicho indicador estaba por encima del 40%. A partir de 1949, los niveles de inflación de dos dígitos anuales comenzaban a aparecer. Además, como política promotora del crecimiento, las tasas de interés comenzaron a ser controladas por las autoridades, intentando mantenerlas en un nivel bajo. Esto dio como resultado que las tasas que pagaban los bancos por los depósitos sean más bajas que la tasa de inflación. Además, luego de 1951 se buscó ajustar algunas variables que quedaban retrasadas respecto al nivel de precios, provocando devaluaciones y subas tarifarias. La monetización cae a un 35% a partir de aquel año, y a un promedio de 20% después de 1959. La gente dejaba de colocar su dinero en activos que tenían tasas reales negativas.

Durante las décadas del 60 y 70 continúa el ciclo de aceleraciones inflacionarias y devaluaciones correctivas, aunque con algún plan de estabilización efectivo. El nivel de monetización en aquellos años promedia el 20%. Luego de 1983, esta cae a un 13%, en un contexto de crisis de la deuda externa y problemas de la balanza de pagos. En 1990 el indicador toca fondo por la hiperinflación.

Después de 1991 se logra estabilizar la inflación, generando que la monetización se comience a recuperar, llegando a un 24% en el 97. A principios de 2001 se llegó a un 35%, pero, luego de la crisis financiera, se generó una gran caída de los depósitos y no se pudo llegar nuevamente a ese nivel. Durante el 2004, se situó en un 29%.

Lamentablemente, la situación actual de la monetización de la economía no muestra signos favorables si la comparamos con países de la región. Según un relevamiento de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban) (2), actualmente Argentina es el país con menor cantidad de depósitos bancarios en relación con el tamaño de su economía de América Latina. Por lo tanto, su cantidad relativa de crédito también es de las más bajas.

Además, el informe muestra que el grado de profundización financiera de la región ha aumentado en la última década, sin embargo, nuestro país no se ha integrado a esta mejora. Mientras que el promedio del crecimiento de los depósitos per cápita de Latinoamérica ha sido de un 54% desde 2009 hasta 2019, en Argentina ha sido solamente del 0,28%. En ese último año, los depósitos per cápita en nuestro país han sido de USD 1.724, por debajo del promedio de la región que fue de USD 3.742.

Estos bajos niveles de profundización financiera son la causa de la escasa cantidad de crédito en relación al PBI que circula en Argentina. En 2019, el crédito per cápita fue de USD 1.009; bajísimo en relación a Chile con USD 13.345, Brasil con USD 4.108, Uruguay con USD 3.955, Paraguay con USD 2.086 o cualquiera del resto de países Latinoamericanos, salvo Venezuela y Nicaragua.

Estas cifras no deberían sorprendernos teniendo en cuenta que nuestro país tiene la mayor tasa de inflación anual de Latinoamérica (sin contar Venezuela). Como ya se mencionó, el grado de monetización de una economía depende negativamente de la suba generalizada de precios. Esto queda en evidencia observando su evolución en la historia argentina, considerando que desciende en los períodos de alta inflación y aumenta cuando hay estabilidad de precios (luego de 1991).

En resumen, los argentinos no ahorran en su moneda ni en activos financieros locales por temor a tener pérdidas. Esta falta de ahorro local es la causa de que los préstamos escaseen y sean caros. Además, el Estado Argentino sistemáticamente gasta más de lo que recauda y debe absorber crédito, quedando menos disponible para personas y empresas. La solución debería estar encaminada a políticas relacionadas con el equilibrio fiscal, mayor autonomía funcional del Banco Central, acuerdos con los principales formadores de precios (empresarios y sindicatos) y demás acciones que se dirijan a disminuir los niveles de inflación y la toma de crédito del sector público. Sólo así se lograría elevar los niveles de depósitos y crédito locales, tan importantes para el crecimiento económico.

(1) El agregado monetario M3 incluye el efectivo circulante en la economía. Es por esto que se puede caer en la confusión de creer que entonces se podría aumentar la monetización simplemente imprimiendo dinero. Lo que se debe considerar es que hay que tener en cuenta el poder adquisitivo de ese efectivo. Puede haber muchos billetes, pero que valgan poco.

(2) https://www.infobae.com/economia/2021/01/03/economia-solo-efectivo-argentina-es-el-pais-con-menor-cantidad-de-prestamos-y-depositos-bancarios-de-america-latina/

Por Tomás Bussi, estudiante de economía (UNR) y miembro del Grupo Joven de Fundación Libertad.

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