POR: YAYI MORALES
Viernes 13 de marzo del 2020. Al salir de la escuela, los chicos se dirigieron a sus casas contentos porque comenzaba el fin de semana. Se quitaron el uniforme sin saber que esa sería la última vez que lo usarían en lo que restaba del año escolar, que acababa de comenzar…
El lunes siguiente, las clases fueron suspendidas. Nadie imaginaba que aquella medida que inicialmente fue anunciada por 14 días, sería el comienzo de un año perdido.
El 2020, sin duda alguna, pasará a la historia como el año en el que el mundo entero se vio puesto en jaque. La mayoría de las actividades que estábamos acostumbrados a realizar a diario tuvieron que ser reinventadas y la educación no fue la excepción.
El objetivo de este artículo no es narrarles una situación que muchos (sino todos) ya conocemos. En su lugar, quisiera contarles en qué estado se encontraba la educación argentina previo a la pandemia para que, a través de datos del pasado reciente, podamos pensar qué nos deparará el futuro.
Al realizar una radiografía del sistema educativo argentino previo a la existencia del Covid-19, nos encontramos con datos alarmantes. A continuación, verán tan solo algunos de ellos.
En la escuela primaria, 4 de cada 10 estudiantes no obtenían los niveles satisfactorios en Matemática. Aún peor… En la escuela secundaria, sucedía lo mismo con casi 7 de cada 10 estudiantes. En este último caso, es importante destacar que tan solo 4 de cada 100 estudiantes alcanzaban un nivel avanzado en la materia.
Otro dato realmente preocupante está relacionado con la finalización del secundario en el tiempo correspondiente. Antes de la implementación de la cuarentena, menos de la mitad de los estudiantes recorría la educación secundaria en el tiempo esperado en provincias como Formosa (48%), San Juan (47%) y Entre Ríos (47%).
Por otro lado, el sistema universitario argentino también exhibía resultados lamentables. Un ejemplo de ello es que, en promedio, el 35% de los estudiantes universitarios no aprobaba ninguna materia por año y el 15% aprobaba sólo una.
A su vez, en Argentina, llegaban a graduarse de la universidad muy pocas personas. Un informe elaborado en el 2019 por el Centro de Investigaciones Sociales y Económicas de la Fundación Libertad, establece que en nuestro país había sólo 18 graduados a nivel terciario cada 100 adultos entre 25 y 34 años de edad. Esto contrastaba ampliamente con otros países latinoamericanos como Chile (30%), Colombia (28%), Costa Rica (28%) y México (23%), todos ellos alejados del 18% de la Argentina.
Por un momento pensemos, en términos de Frederic Bastiat, en lo que se ve y en lo que no se ve de la suspensión de clases. Los primeros efectos de haber privado a los jóvenes de ir a la escuela durante todo un año, están reflejados en el retroceso de muchos en su aprendizaje (capacidad de leer, escribir y realizar operaciones matemáticas básicas) y en la deserción escolar (se estima que abandonarán la escuela aproximadamente 1 millón y medio de alumnos). Esto es ‘lo que se ve’. Ahora bien… el mayor problema radica en los efectos que no son inmediatos, es decir, en ‘lo que aún no vemos’ pero que resulta fundamental prever.
La educación es primordial para el desarrollo y la salud, tanto física como mental, de los niños. La educación disminuye la exposición al trabajo infantil. La educación reduce la pobreza porque nos permite incorporar las habilidades y las ideas que nos hacen más productivos y eficientes. La educación aumenta la riqueza y el crecimiento económico. La educación nos permite desenvolvernos como individuos libres, con espíritu crítico, capaces de ser ciudadanos activos e informados. A diferencia de lo que sostienen algunas voces, la educación SÍ es esencial. En palabras de Herbert Spencer: “El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, y no para ser gobernados por los demás”.
En resumen, con menos educación, ¿qué efectos podemos esperar en el largo plazo? Por empezar, más desempleo, menos crecimiento económico y más pobreza. Consecuencias que, si bien ninguna nación desea, Argentina, por sus circunstancias actuales, NO se puede permitir.
Es sabido que la pandemia del Coronavirus representó un gran golpe para el mundo entero. Aun así, de las adversidades se debe aprender y hacer todo lo posible para salir fortalecido. Charles Darwin, en El Origen de las Especies, escribió: “No son los más fuertes de la especie los que sobreviven, ni los más inteligentes. Sobreviven los más flexibles y adaptables a los cambios”. ¿Es esto por lo que han trabajado la política y los gremios docentes en Argentina? ¿Qué ejemplo le han brindado a la juventud?
Ya no se trata de qué futuro estamos dejando a nuestros chicos, sino de su presente. ¿Qué porvenir serán capaces de construir, cuando las herramientas que deberían formarlos para ello les han sido arrebatadas durante meses? Al suspender las clases, en Argentina, no se ha hecho otra cosa más que condenar a quienes no han cometido ningún delito.
Por Yayi Morales: Estudiante de Lic en Economía UNR y Coordinadora del Grupo Joven de Fundación Libertad
