MAXIMILIANO GOMEZ
Desde el inicio de las sociedades modernas, el ser humano se ha visto en diversas encrucijadas a través del tiempo: Desde cómo elegir a sus gobernantes hasta que métodos emplear para que los recursos, de por si escasos, logren llegar a las manos de quienes lo necesiten para producir bienes o proveer servicios.
Con el pasar del tiempo, la experimentación y el contraste con la evidencia empírica hemos logrado solucionar algunos de estos problemas, sin embargo, otros parecieran subsistir hasta nuestros días.
En las últimas décadas, un tema en particular comenzó a generar mucha incertidumbre en una porción generalizada de la población: ¿Cómo logramos establecer un sistema productivo que, a su vez, logre generar el menor impacto posible en el medio ambiente?
Esta pregunta en principio parece ocultar un alto nivel de complejidad, pero de analizarlo de manera detallada, lograremos dilucidar que la respuesta se encuentra más cerca de lo que creíamos.
No han sido pocas las personas que han propuesto utilizar el aparato represivo del estado y el peso de la ley como método de imposición de un modelo más “ecofriendly”. A su vez hay quienes argumentan que para lograr solventar un sistema productivo ecológicamente sustentable primero se debe lograr enriquecer el país y obtener una base económica sólida con la cual poder sobrellevar dicho sistema.
Ante esta dicotomía (y fiel al estilo Milton Friedman) les porongo hacer un amplio análisis de datos, y así, lograr llevar un poco de calma y cordura a tal discusión:
Para empezar, tomaremos los 10 países más ecológicos y menos ecologicos en base al índice de desempeño ecológico (EPI) elaborado por la universidad de Yale en conjunto con la universidad de Columbia y contrastarlo con el índice de libertades económicas (EFI) elaborado anualmente por “The Heritage Foundation”:

Ante el análisis de los datos, podemos observar como aquellos países más libres son proporcionalmente más ecológicos que aquellos países reprimidos. ¿Entonces, que es lo que genera tal diferencia ecológica entre aquellos países con economías libres y los que poseen economías reprimidas?
La diferencia radica en la riqueza de las naciones:
Mientras que Suiza se ubica como el país más ecológico del mundo y cuarto en el índice de libertad económica, su contraparte (el país menos ecológico del mundo), Burundi, se encuentra en el puesto 162 sobre 180 países contemplados en el índice de libertad económica.
A su vez su riqueza también se ve reflejada en su libertad económica, mientras que el primer país cuenta con una riqueza de 82.796 U$S por habitante, el segundo solo cuenta con 271 U$S por habitante.
Lo mismo ocurre con la comparación entre Francia y Bangladesh, entre Dinamarca y el Congo, entre Malta e India y entre los demás países analizados…
Visto a grandes rasgos, el común denominador es simple. Aquellos países que forman parte del lote de los más ecológicos se basan en la libertad de sus individuos y poseen un estado que no interviene en los asuntos de los privados. Para lograr que sus habitantes se vean tentados a realizar inversiones en energías alternativas y procesos productivos alternos es necesario que vean una oportunidad de negocios y así invertir su capital, lo cual en última instancia conlleva a un cambio en los modelos productivos
Dicho todo estoy a la luz de la demoledora evidencia empírica podemos llegar a la siguiente conclusión: La libertad es el pilar fundamental para lograr no solo sociedades más ricas y prósperas, sino también sistemas productivos más ecológicos y sustentables.
Por Maximiliano Gomez, técnico agrónomo, estudiante de Lic. en Economía (UBA) y miembro del Grupo Joven de Fundación Libertad
