JUAN MANUEL REDOLFI
En Argentina el tiempo pasa rápido, muy rápido. Resulta anecdótico desconectarse de las redes unas horas y al momento de volver a conectarse encontrarse con una noticia nueva de las tan inentendibles, pero repetitivas, que nuestro país nos brinda. La tranquilidad es la excepción, y tal es así que se siente raro ver pasar un par de días y que nada haya ocurrido. Es el ritmo al que la Argentina nos tiene acostumbrados.
Durante los últimos meses han acaecido varios de estos acontecimientos, a una velocidad realmente inalcanzable. Inalcanzable en el sentido de que la Argentina no nos da respiro, nos tiene constantemente con la lengua afuera, indignados por lo que acaba de suceder mientras se cocina otra nueva irracionalidad, la cual nos sorprende nuevamente y olvidamos la anterior por completo.
Resulta ser una muy buena técnica. Los gobiernos populistas requieren de este desgaste. En su afán de corromper las instituciones (que por cierto, en nuestro país la institucionalidad es, y ha sido, fuertemente golpeada) los populismos llevan al ciudadano que no ha podido captar a una situación de desgaste constante, donde se pierde la capacidad de indignación.
No terminamos de indignarnos por la venta de droga en ambulancias que nos conmueve la historia del padre que no pudo despedirse de su hija con cáncer por restricciones descabelladas a la circulación. Luego vemos a la ministra Bielsa admitiendo que han robado, seguido del “sarasa” del ministro Guzmán en conferencia de prensa y finalizamos con una escena sexual en el Congreso. Ni hablar del dolor que nos genera ver cifras de pobreza que superan el 40%, el desempleo por arriba del 13% y muchísimos comerciantes que se ven obligados a cerrar sus persianas perdiendo en días todo su esfuerzo de hace décadas. De tanto indignarnos, ya nada nos indigna, ya nos acostumbramos.
De tal modo estos tipos de gobiernos crean un ambiente clave para luego poder dar un paso más grande sin que pase nada. Reforma de la justicia, muerte de fiscales y testigos o bolsos revoleados por arriba de un convento son algunos de los variados ejemplos que conocemos. Mientras nos quedamos en las noticias más superficiales, y vamos corriendo atrás de las nuevas, el Gobierno se asegura su impunidad y continuidad corrompiendo las instituciones. Lamentablemente, no sólo las noticias van rápido, el rumbo del país también.
La Argentina se degrada constantemente y no solamente en el plano económico. Hasta nuestros escándalos se han degradado. El rumbo tomado por el presidente no sólo adelantó la degradación económica, sino también la política e institucional. Todos los días nuestra moneda pierde valor como consecuencia de políticas que hemos intentado implementar hasta el hartazgo y nunca han funcionado. Junto con ella se degradan los salarios, se degradan los comercios, se degrada el empleo y nuestra calidad de vida. También ocurre en el ámbito institucional: la propiedad privada es vulnerada mediante tomas de tierras avaladas por el Gobierno y la justicia goza cada vez de menor independencia. Se degrada el valor de la vida de la mano de oleadas de inseguridad, se degradan las condiciones sanitarias como resultado de patéticos enfoques y medidas para luchar contra el coronavirus y se degradan nuestras relaciones internacionales poniéndonos del lado de regímenes que violan constantemente los derechos humanos
Por último se degrada también el poder político del presidente. El fuego amigo es recurrente, mientras que desde el mismo Gobierno le arrogan a la oposición una capacidad de convocatoria extraordinaria (que a mi entender no la tiene) capaz de movilizar en cada feriado nacional miles de argentinos con variados reclamos en diferentes puntos del país.
Sin embargo esto es Argentina y en Argentina nunca se sabe qué puede ocurrir mañana. Sólo una cosa es segura: el sendero que hemos elegido desde hace más de 70 años no funciona y los resultados están a la vista de todos. Está en nosotros poder cambiarlo.
Por Juan Manuel Redolfi, estudiante de Licenciatura en Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional de Rosario y coordinador de Grupo Joven de la Fundación Libertad.
