CATALINA MARIA KESTENS
¿Cómo se consigue armonizar sectores sociales en pugna, reconciliar la sociedad cuando se gobierna a base de miedo, imposición y restricciones?
Poniendo el foco en nuestra situación a nivel país nos encontramos diariamente interpelados por esta actitud hobbesiana que parte de la subordinación incondicional de la ciudadanía al gobierno. La cuestión de la credibilidad y la tolerancia es moneda corriente en las discusiones y charlas de los argentinos, siempre en boga y con la clara señal del disenso del público en general. La gente se está mostrando cada vez menos dócil ante las políticas autoritarias, y casi siempre excluyentes, de un pequeño y sin embargo gran cuerpo burocrático.
La sociedad se ha polarizado, se ha conformado a lo largo y a lo ancho de nuestro país una especie de “cortina de hierro” donde se disputan el poder dos bandos que dicen ser diferentes pero en la práctica actúan de igual forma, todo para ellos y nada para el resto.
Ante esto y en la actual coyuntura socio-política la sociedad está poco a poco exigiendo respuestas.
Una sociedad sin consenso y sumida en prácticas despóticas irremediablemente busca una salida, una salida que claramente no estará dada por la casta gobernante sino por la misma ciudadanía. No resulta extraño pensar entonces en los constantes pedidos por justicia, por una mayor transparencia y sobre todo por una ampliación mayor de la libertad y respeto a los derechos individuales. Pero, en definitiva, la respuesta que se obtiene siempre es la misma: silencio, oídos sordos, el discurso de la hipocresía.
El nuevo slogan en este nuevo escenario político que se nos presenta es “hagan un esfuerzo pero no les vamos a retribuir, nuestros privilegios no se negocian”. Esto muestra sustancialmente la burbuja en la que se encuentran quienes ejercen el poder, irónicamente electos por el pueblo al cual tienden a relegar y perjudicar en la toma de decisiones. La política se ha convertido en un mero DNU ejecutado por gente ciega y sorda que sólo mira por su propio beneficio.
Por eso, ante esta situación, la gran incógnita que nos visita constantemente es: ¿hasta cuándo? Se vuelve una urgencia, una especie de bandera que defendemos tantos argentinos quienes velamos por la democracia y estamos dispuestos a buscarla y conseguirla a cualquier precio. Lo que es pertinente en este momento es reflexionar y buscar respuestas, rebelarse contra el autoritarismo y su modus operandi de ilegalidad para construir un país donde la libertad sea algo de sentido común y no un ideal de tiempos pretéritos como cierto sector político lo hace ver. Porque, en resumidas cuentas, lo único que nos da dignidad como seres humanos es ser nosotros, individuos únicos y libres que no se callan cuando buscan aplastarlos y defienden sus derechos hasta las últimas consecuencias.
Por Catalina María Kestens, estudiante de Relaciones Internacionales y miembra del Grupo Joven de Fundación Libertad
