Grupo Joven Fundación Libertad

LA FATAL DISCREPANCIA CON LA REALIDAD: AUTORITARISMO Y ABSTRACCIÓN EMPÍRICA

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FERNANDO ROSALES

Nos encontramos en un nuevo período de prolongación del confinamiento social obligatorio dictado por el Poder Ejecutivo Nacional y la pregunta es cuánto más se coaccionarán nuestras libertades individuales consagradas constitucionalmente. La respuesta aún nadie la tiene, pero lo que está claro es que, semana a semana, nos encontramos con nuevos avasallamientos a los derechos inalienables a nuestra “condición humana”, según la entiende Hannah Arendt.

Los principios del liberalismo, y su relación con el contrato social postulado por John Locke (uno de los padres del liberalismo), son el respeto por la libertad, la propiedad y la vida. Estos derechos inherentes al ser humano encuentran cada día un nuevo quebrantamiento por parte del Estado nacional, y los estados provinciales y municipales.

Lejos nos quedan los recuerdos de aquellos tiempos donde, a pesar de ya no contar con aquellas libertades consagradas en la Constitución que soñó Alberdi, podíamos llevar adelante una vida en la cual podíamos ser nosotros mismos quienes decidiéramos cómo pasar nuestros días, donde podíamos acceder a nuestros trabajos y estudios sin que el Estado determinara quién cumplía una actividad esencial y quién debía permanecer dentro de su hogar, donde podíamos definir el destino del fruto de nuestro trabajo.

Hoy nos encontramos nuevamente a la espera de la próxima fecha estimada de finalización de una nueva etapa de confinamiento, con el agravante de que a partir de esta nueva etapa se avanzará con mayor restrictividad sobre la libertad de circulación en transportes públicos, se deberá solicitar un permiso de circulación obligatorio y se deberán renovar los permisos de trabajo previamente concedidos, así como también se procederá a desactivar las tarjetas SUBE de quienes, autoritariamente, el Estado defina como “trabajadores no esenciales”.

Pero, ¿cuáles fueron los resultados del confinamiento? Luego de más de 60 días de aislamiento, tenemos más de 12.000 infectados confirmados y más de 450 fallecidos por el virus, pudiendo observar que, día a día, a pesar de las medidas tomadas, el número de contagiados crece exponencialmente, dejando en evidencia la ineficacia de las medidas tomadas y de la falta de medidas reales de prevención, como lo son los testeos masivos y el aislamiento de poblaciones de riesgo. Argentina adoptó un modelo de cuarentena que, lamentablemente, no ha cumplido su fin y que está destruyendo al sector privado productivo, en virtud de sostener la plenipotencia del sector público.

Estudios privados advierten que las caídas de la actividad económica y del PBI podrían ser las más alarmantes de toda nuestra historia. Sin embargo, el Gobierno hace oídos sordos y permanece en su posición dantesca de sostener algo que podría tener consecuencias irreversibles y más graves que las que la evidencia empírica muestra respecto a los países desarrollados que adoptaron modelos laxos de cuarentena, incluso los modelos de los países vecinos que, para su fortuna, demuestran ser más eficaces que el nuestro y no generan las consecuencias económicas que pronto podremos palpar.

Cada instante que pasa podemos observar cómo ese “Leviatán”, según lo define Thomas Hobbes, se apodera de nuestras libertades individuales protegidas por la Constitución Nacional, recayendo cada vez más poder en los decretos impuestos por el Ejecutivo, con un Congreso con escasa actividad y un Poder Judicial adicto a los gobernantes de turno. La verdadera pregunta a la que conduce el artículo y la reflexión es, ¿hasta cuándo deberemos soportar el atropello a nuestras libertades?

Para finalizar, adjunto un cuadro donde se puede observar la curva de distintos países comparada con la de la Argentina

Por Fernando E. Rosales, Lic. en Ciencia Política, Gobierno y Administración – Universidad de Belgrano y Docente de Sociología General – Universidad de Belgrano

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