JUAN MANUEL REDOLFI
Siempre le he tenido una gran admiración a los emprendedores. Personas con una imaginación inigualable que encuentran ideas geniales para problemas cotidianos. Hay miles de ellos y, por suerte, cada día más. Seguramente se nos vienen a la cabeza personas como Steve Jobs o Bill Gates, sin embargo son sólo dos ejemplos de miles que podríamos mencionar.
¿Pero qué hace posible que sus ideas tan alocadas se puedan volver realidad? ¿Qué hace posible que cada día haya más y mejores inventos? A mi entender, la humanidad ha encontrado un sistema donde a partir del resguardo de los derechos de propiedad junto con un esquema de incentivos hemos logrado el mayor desarrollo de la historia humana y no tengo dudas que éste va a seguir evolucionando. El capitalismo liberal, basado en un Estado gendarme, que cuide y defina los derechos de propiedad para poder garantizar las transacciones, junto con una economía que permita, sin ninguna interferencia, la acción humana, le ha proporcionado a estas personas, los emprendedores, un lugar y momento excepcional para poder desarrollar sus habilidades. Mediante este sistema han sido premiados por ofrecerle a los consumidores sus grandiosas ideas que hoy tanto añoramos.
Pero entonces, ¿cómo les llega la información a estas personas acerca de qué desea la sociedad? A pesar de ser brillantes, desafortunadamente les es imposible conocer a la perfección los deseos y necesidades de todas las personas. Tal es así que muchos inventos han fracasado, siendo éste una parte importante del mismo emprendedorismo. Tampoco existe un ser todopoderoso y omnipotente que pueda asignar a la perfección las cantidades de la economía. Es más, todos los intentos de realizarlo han terminado hundiendo países en la pobreza y miseria extrema y han derivado en regímenes totalitarios o dictatoriales. La clave está en el espectacular sistema de precios.
Este sistema posee principalmente tres funciones, las cuales han ayudado en el progreso de la sociedad. Una de ellas es la capacidad de transmitir información. Un aumento en la demanda de un bien, supongamos un lápiz, hará que los comercios encarguen más lápices a sus mayoristas y los mayoristas demanden más lápices a sus fabricantes. Los fabricantes comprarán más insumos y demandarán más trabajo. El aumento de la demanda de lápices subirá el precio del mismo. Ocurre que para los fabricantes de madera no les es importante el motivo del aumento de la demanda, a ellos no les interesa que éste sea debido a que comenzaron las clases por ejemplo. A los madereros, le llega información que se desea una mayor cantidad de su producto, sin importar el porqué. La genialidad de esta característica del sistema de precios reside en mostrarle a la persona que la sociedad desea una mayor cantidad de bienes que esta persona ofrece, y esto ocurre a partir del aumento del precio.
De tal modo, el emprendedor recibe la información gracias al sistema de precios y es capaz de volcarla en algún bien o servicio que luego ofrecerá. Pero, ¿qué hace que el emprendedor esté dispuesto a gastar su tiempo e incurrir en costos para brindar bienes y servicios? Justamente, esta información reflejada en un aumento del precio le otorga incentivos a la persona para incurrir en mayores costos debido a que, ahora, la ganancia es mayor. Si volvemos al ejemplo anterior, el maderero tendrá incentivos a conseguir una mayor cantidad de madera, incurriendo en mayores costos, para satisfacer la demanda. Pero como el precio de la madera ha subido, el maderero puede soportar este incremento de los costos ocasionado por un aumento de la producción. Lo mismo ocurre con aquellos emprendedores que, al ver una oportunidad de negocio reflejada en mayores ganancias, optan por arriesgarse e incurrir en costos para poder proveer algún bien porque son incentivados por la información que perciben.
Si bien estas dos características son fundamentales, a mi entender lo más fabuloso del sistema de precios es su última característica. La capacidad de distribuir la renta. Los consumidores, usando como intermediario el sistema de precios, premian a aquellas personas que les han brindado algún bien o servicio el cual valoran. De tal modo, los emprendedores obtienen una recompensa por sus esfuerzos y posiblemente hayan ganado más que los productores de otros bienes. A veces nos cuesta entender la existencia de estas diferencias pero, en el fondo, la respuesta está en las necesidades sociales que cada uno ha satisfecho, comunicadas por el sistema de precios.
Durante estos días han aparecido personas que, ante el aumento de la demanda de elementos de protección contra el virus, han comenzado a fabricar y vender todo tipo de barbijos y máscaras. Esto fue posible simplemente gracias al capitalismo expresado mediante el sistema de precios. En el fondo, debemos entender que gracias a este fabuloso sistema hoy poseemos el mayor nivel de desarrollo y de vida que el hombre ha tenido jamás y todos los avances logrados por esa actitud emprendedora nunca hubieran sido posibles sin este. El sistema de precios se encuentra presente en nuestro dia a dia, pero es una lástima que en Argentina todavía dudemos de él.
Por Juan Manuel Redolfi, estudiante de Licenciatura en Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional de Rosario y coordinador de Grupo Joven de la Fundación Libertad.