Grupo Joven Fundación Libertad

QUE ESTA VEZ NO GANE EL POPULISMO

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JUAN MANUEL REDOLFI

¿En qué estuvieron pensando durante estos días de cuarentena y distanciamiento social? Es impresionante la cantidad de tiempo que uno se da cuenta que posee cuando no tiene nada para hacer. Tal es así que entre mi grupo de amigos se abrió una interesante discusión acerca de la posibilidad de crecimiento o amenaza que significa el coronavirus, o COVID-19, para los regímenes populistas. Personalmente, en medio de la conmoción y shock mundial por el masivo brote de este virus no me había percatado de esta interesante disyuntiva. Sin embargo, desde que se me planteó esta problemática no pude dejar de pensar en ella.

 

Durante estos últimos meses, diferentes tipos de medidas se han tomado en todo el mundo. Hemos visto tanto fuertes intervenciones estatales en la sociedad como también escasa participación estatal y grandes responsabilidades individuales. Los estados occidentales luego han seguido las medidas adoptadas por China, aumentando sus intervenciones en la sociedad y restringiendo libertades individuales (puede no ser cuestionable en el caso de una pandemia) con el objetivo de frenar el contagio masivo junto con el colapso del sistema de salud. De tal modo, se ha generado dentro del liberalismo una disyuntiva entre diferentes corrientes acerca de si esta intervención es justificada. Para dar una respuesta debemos volver a las bases. Si entendemos al liberalismo de manera clásica, entenderemos que para el respeto de las libertades individuales es necesaria la existencia de un Estado que las proteja. No creemos en la inexistencia del Estado, sino en su participación mínima. 

 

Sin embargo, al decretar el cierre de fronteras y la cuarentena obligatoria algunas corrientes más extremistas sugieren que se violan las libertades individuales, lo cual es cierto, salvo que estemos atravesando una pandemia. Si la libertad de una persona de salir a la calle pone en riesgo la salud de los demás, el Estado (el cual los liberales creemos que debe existir en su forma mínima) debe penalizar a tal persona. De todos modos me surge la siguiente duda:¿Hasta qué punto es aceptada la intervención estatal? Si analizamos el caso de Hong Kong, país que se encuentra en el epicentro donde comenzó la infección, podemos ver que la sociedad ha desarrollado altos niveles de responsabilidad individual luego de la epidemia SARS que los afectó en 2003. En Hong Kong, uno de los países más libres del mundo el número de afectados apena supera la centena y casi han logrado poner fin a este virus, de la mano de libertades individuales acompañadas por fuerte responsabilidad, sin la necesidad de una excesiva intervención estatal.

 

Lo cierto es que estamos en Argentina, y es de público conocimiento que nosotros no poseemos el mismo grado de responsabilidad que algunas sociedades asiáticas. Ya ha habido casos de personas que han vuelto de viaje y han violando la cuarentena en nuestro país. En tales sociedades como la nuestra, apelar al cuidado individual sería casi una catástrofe. Con esto no estoy diciendo que sea buena o que genere un buen resultado la intervención del Estado argentino en la sociedad, decretando el cierre de fronteras, vuelos o actividades, es más, me encuentro un poco escéptico acerca de si ésta tendrá un buen resultado. Pero estoy seguro de que basado en nuestra cultura es la opción que genera menor daño. Los liberales entendemos que es necesario un Estado que garantice los derechos básicos y cuide nuestras libertades, pero también que proteja la seguridad y que provea justicia. En estos momentos, donde la seguridad está en riesgo, es entendible la intervención. Ahora, esto no significa que lo que el Estado haga tenga buenos resultados. Por ejemplo, se han fijado precios máximos al alcohol en gel, potenciando aún más su escasez y el incumplimiento de esta medida provocó la clausura de farmacias, llevando la cantidad de alcohol en venta a cero. También me encuentro escéptico sobre la efectividad de extender la cuarentena obligatoria, en vez de adoptar medidas que han tomado países que supieron transitar esta crisis como por ejemplo la aislación de los grupos de riesgo y la masividad de los testeos. Tarde o temprano, la gente violará la cuarentena para poder trabajar y llevar comida a su casa, haciendo que el remedio sea peor que la enfermedad.

 

Pero, a mí entender, lo más preocupante de esta situación es que, a partir del reconocimiento de la necesidad de una intervención por parte de la sociedad, ya que no es posible en nuestro país apelar a la responsabilidad individual como sería óptimo, se crea el mejor ambiente para que el populismo pueda desarrollar a la perfección uno de sus mecanismo de captación.

 

Una de las características que más se destacan de los populistas, tanto de derecha como de izquierda, es el sentido de paternalismo que el líder populista intenta desarrollar en la sociedad. Es común escuchar discursos donde el líder promete cuidar a su pueblo, simulando ser uno más de ellos y utilizando el argumento de las mayorías oprimidas y silenciosas (llámese trabajadores o descamisados). Al jugar este papel paternal, da la sensación de que el populista se encuentra cerca de la gente, que lucha por la gente. El populismo usa muy bien el argumento de la mayoría silenciosa, pero ahora, si esta es silenciosa, ¿cómo él logra escucharla?. Esta situación le abre las puertas a los populismos, les permite ejercer el rol paternal para poder consolidarse luego en el poder a partir de variados mecanismos. Tiene todas las posibilidades de salir airosos de esta situación, exclamando luego que sí fue necesaria una intervención estatal. Tienen la posibilidad de quedar como los “caretakers” y ser retribuidos por toda una nación entrando en el juego de que es necesario un Estado, y por tal motivo lo agrandará para poder cuidarnos.

 

Queda por verse entonces cómo manejan los diferentes líderes esta pandemia y qué resultado político tendrá, pero no me caben dudas de que es el escenario ideal para potenciar el populismo. Si bien veremos fuertes intervenciones estatales, es nuestro trabajo impedir que conviertan la excepción en la regla.
Por Juan Manuel Redolfi, estudiante de Licenciatura en Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Estadística de la Universidad Nacional de Rosario y coordinador de Grupo Joven de la Fundación Libertad.

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