JUAN MANUEL REDOLFI
Es un momento difícil. El mundo se encuentra paralizado por la infección mundialmente esparcida del Coronavirus. En tan solamente dos meses, el virus ha contagiado a más de 100.000 personas y ha causado la muerte de más de 3000. Los países han extremado las medidas provisorias y se ha reducido en gran parte el movimiento de personas alrededor del mundo. Pero lo cierto es que el COVID-19, o comúnmente conocido como “Coronavirus”, está impactando en la economía mundial más rápido de lo que impacta en la salud de las personas.
Se ha propagado incertidumbre y temor en los mercados financieros mundiales, lo que llevó a fuertes caídas en las bolsas a lo largo de todo el mundo. Se desploman los precios de las materias primas junto con el valor de las acciones bursátiles, mientras que aumenta el precio del oro que sirve de refugio para los inversores. Como si esto fuera poco, el hecho de que el mayor foco de infección sea en China juega un papel importante dentro del funcionamiento de la economía mundial. Recordemos que el país asiático es proveedor del 20% de los bienes intermedios que se comercian globalmente, gran abastecedor de piezas electrónicas, productos químicos, farmacéuticos y de transporte, pero sobre todas las cosas es un fuerte demandante de alimentos y materias primas. No obstante, el régimen chino podría estar ocultando información sobre la cifra real de casos confirmados lo que lleva a un mayor temor e incertidumbre a nivel global
El impacto tanto regional como mundial es impensado. A la fecha, los precios del petróleo y sus derivados han caído fuertemente. El precio del petróleo crudo cayó un 22%, el de la nafta un 16% y el del gas natural un 4%. Tales caídas alejan la posibilidad de crecimiento de uno de nuestros mayores proyectos a futuro en estos días. Indudablemente Vaca Muerta se verá afectada negativamente por el desplome de los precios internacionales de dichas materias primas. A su vez, la UNCTAD, una agencia de las Naciones Unidas sobre comercio y desarrollo ha estimado una reducción del comercio global de USD 50.000 millones mediante la caída de las exportaciones de diferentes países alrededor del mundo, junto con el cierre temporal de plantas y puertos en China, la paralización del transporte marítimo y la fuerte disminución del transporte aéreo, que por cierto, ya ha causado la quiebra de una empresa aérea low cost de Gran Bretaña.
El escenario actual es escalofriante y todo parece indicar que muchos países entrarán en fuertes crisis que golpearán el incesante crecimiento de la economía mundial. Sin embargo, en Argentina, el fin del crecimiento y la recurrencia de crisis económicas durante tantos años no se debe específicamente al coronavirus, nuestro problema es otro.
Nuestra decadencia no es de hoy ni de ayer, viene hace años zumbando entre golpes de estado, peronistas y radicales que para poner en marcha un perverso sistema cometen atrocidades. Con tales atrocidades, me refiero a que la sociedad argentina se encuentra con una pobreza del 30% hace años, acostumbrados a vivir con inflación, inseguridad e incertidumbre tal como dice un refrán argento: “en Argentina nunca se sabe”. Convivimos habitualmente con paros, piquetes y cambios drásticos en políticas macroeconómicas. Nos consume la cabeza todos los días pensar a cuánto va a llegar el dólar mientras que al mismo tiempo tenemos que cuidarnos acerca de los accesorios o la ropa que usamos al salir a la calle para no tentar a nadie. Mientras tanto confiamos a nuestros hijos a instituciones educativas cuando la realidad es que poseemos un sistema educativo que deja mucho que desear. Por último, vimos la administración pública durante varios años atravesada por escandalosos hechos de corrupción que me hacen sentir pena y me llenan de tristeza cuando pienso si esto es lo que realmente quiero para mi vida.
Sin embargo, aunque parezca increíble, hubo un momento en nuestra historia donde la Argentina que describí era diferente. A fines del siglo XIX, la Argentina parecía ser la tierra prometida, habíamos comenzado a consolidar institucional y jurídicamente a nuestro país de la mano de la Constitución liberal de Alberdi sancionada en 1853. A partir de 1880, con la explosión del ferrocarril en la Argentina y las grandes corrientes migratorias, nuestro país tuvo un shock tecnológico y de oferta de factores de producción que provocó el más largo crecimiento de nuestra historia que se extendió hasta 1914 de la mano de los ideales liberales. Durante esta época nos encontrábamos entre los 10 países con mayores ingresos por persona y hasta llegamos a ser el primero en 1895. Parecería que el coronavirus a Argentina llegó mucho tiempo antes para causar estragos, pero no es así.
A mi entender, la derrota más importante, que culminaría con el ideal de país democrático y liberal fue el golpe militar del 6 de septiembre de 1930. Encabezado por el general José Félix Uriburu, este golpe no sólo sentaría las bases para el próximo que ocurrirá en 1943 (cabe recordar que el general Perón fue parte de este último), sino que también marcaría la irrupción del ejército como actor político, presencia que se extendería hasta 1983. Luego de haber perdido el sendero de la libertad, tuvimos 6 golpes militares, le quitamos 13 ceros a la moneda, destruimos 4 símbolos monetarios y convivimos con una pobreza que ronda el 30% hace años. Los grotescos déficit fiscales, sumados a un país cerrado al comercio y con leyes laborales prehistóricas nos condujeron a 7 profundas crisis en los últimos 70 años, una cada 10 años. Entre 1947 a 2017 tuvimos una tasa de inflación anual del 63% junto a dos hiperinflaciones. Pero esto es más escalofriante aún, En los últimos 75 años la inflación acumulada fue de 119.403.322.591.579.000%, es decir, ciento diecinueve mil cuatrocientos tres mil billones, trescientos veintidós mil quinientos noventa millones, quinientos setenta y nueve mil por ciento. Además sufrimos dos confiscaciones de depósitos de los ahorristas, una guerra y un impensado deterioro de los valores de una sociedad que, con la excusa de la justicia social, el Estado presente y la redistribución de la riqueza, ha cometido el grave error de poner a la igualdad por sobre la libertad.
Tal es así que el país que añoramos en realidad lo supimos conseguir hace muchos años. Parece utópico hablar de esto, pero sinceramente ocurrió. Para nosotros, el coronavirus puede causar algún tipo de desequilibrio económico, pero lo cierto es que peor fue alejarnos de los ideales liberales que un día pisaron fuerte en nuestro país. Friedman una vez dijo: “Aquella sociedad que priorice la igualdad por sobre la libertad, no obtendrá ninguna, en cambio, aquella que ponga a la libertad antes que la igualdad obtendrá un alto grado de ambas”. Es nuestra responsabilidad volver a priorizarla.
Por Juan Manuel Redolfi, estudiante de Licenciatura en Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario y coordinador de Grupo Joven de la Fundación Libertad.