LA FALACIA DE LOS IMPUESTOS

RENZO KOBRINSKY

El tema impositivo en Argentina es algo que hace mucho ruido en muchos sectores, ni hablar del ámbito liberal, puesto que los impuestos representan la existencia y el tamaño del Estado. Dependiendo de su magnitud, es decir, dependiendo de cuánto dinero nos extraigan veremos representado su tamaño, y por tal, el poder de juego que tenga en la economía. Esto no es tema menor. Como bien sabemos, Argentina viene de años de gobiernos progresistas, de izquierda y sobre todo populistas, enamorados del gasto público (contracara de los impuestos). Vivir en un país donde ser contribuyente se siente como ser “esclavos tributarios”, como se escucha en la jerga común de algunos sectores, desencadena cientos de efectos negativos. También hay otros sectores que no hablan así de los impuestos y es porque tienen una visión positiva acerca del gasto público.

Entre estos puntos de vista tan opuestos, referidos al mismo tema, podemos estar más o menos de acuerdo con cada uno o irnos directamente a un extremo. Es verdadero que el Estado necesita de cierto financiamiento para su normal funcionamiento, pero el problema surge cuando la sociedad comienza a sentirse “esclava”, cuando comienza a sentir que le están robando. No existe un porcentaje de presión fiscal por sobre nuestros ingresos en el cual todos estemos de acuerdo que en ese punto comienza a ser un robo, cada uno soporta un nivel distinto, analicemos: ¿Para vos en Argentina, dados tus ingresos, lo que te quita el estado te parece un robo? Antes de continuar, pensalo. O si no te lo facilitamos, si tenés toda tu economía en blanco el estado se lleva el 50% de lo que generás, dato tomado del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF, https://drive.google.com/file/d/1ajERURhtv05QixkY5Hw7ogIfJQz3ozHw/view?usp=sharing).

Podemos afirmar, entonces, que es un tema “subjetivo” (hasta cierto punto). Existen personas con una propensión a pagar impuestos mayores que otra. Pero al fin y al cabo nadie puede no pagar y si no pagamos el Estado ejercerá su poder coercitivo e irá contra nuestro patrimonio o contra nosotros mismos.

Puede ocurrir que los ciudadanos paguen los impuestos porque quieren, porque están de acuerdo con los planes del gobierno de turno y si todo va bien la propensión de pagar impuestos puede aumentar con el tiempo. El punto aquí es que los gobiernos, en Argentina, hace años han perdido legitimidad, cobran impuestos extremadamente altos, nos ofrecen servicios deplorables, tienen causas de corrupción entre ellos y con “empresarios” y esto rompe cualquier acuerdo legítimo entre los que pagamos y los que reciben, que se han convertido en algo peor que ladrones. Una vez llegado a este nivel, se genera un problema social donde reinará el enojo, donde la evasión no sólo es necesaria para sobrevivir, sino que es una forma de rebelión hacia los gobernantes. Éste es uno de los motivos por los cuales bajar impuestos, dado el nivel al que llegamos en Argentina, generaría un aumento de la recaudación. Imaginemos que existe un techo recaudatorio que por más que aumentes los impuestos la recaudación no aumentará, dado que los costos impositivos son tan altos que las empresas existentes no pueden crecer, es más quiebran y por ello tampoco existen incentivos para desarrollarse, invertir, contratar, arriesgar, y la recaudación, si todo continúa igual, caerá.

Por lo dicho anteriormente, podemos expresar que los 163 impuestos con los que cargamos son un robo y esto puede verse en el siguiente hipervínculo junto con su significación con respecto al PIB: https://infogram.com/1p6k3y152zny5mu57qv696n2jgs395gxwpq. Y también se puede decir que hemos llegado a un techo, culpa de políticas insostenibles que trajeron altas tasas, alta inflación y altos impuestos, un combo que provoca que sea imposible poder generar competitividad real: tener mayores tasas de capitalización para poder generar incentivos para la creación de capital y poder competir con el resto de los países desarrollados.

La principal equivocación de quienes defienden el alto nivel impositivo es que creen que el Estado puede brindar a la sociedad bienestar de manera directa. El bienestar debe ser conseguido individualmente, dignamente. Cuando el Estado se entromete fuertemente y quita esta responsabilidad a los individuos, estos dependerán y esperarán todo del Estado, lo cual provocará en no mucho tiempo que el mismo se quede sin recursos para abastecer a toda la demanda de bienestar de la sociedad y así deberá financiarse aún más de algún medio que puede ser o más impuestos o emisión (que de no tener una economía creciente provocaría alta inflación y esto es otra forma de impuestos que afecta más a lo que menos tienen) o bien deuda que genera el problema que estamos atravesando hoy en Argentina. Por lo tanto, es de notar que pensar que el Estado puede beneficiarnos es una idea de aquellos que les gusta el corto plazo, porque si se entiende que el Estado no genera riqueza, se entenderá que toda esa “benevolencia” la hacen los contribuyentes, a través de un mecanismo coercitivo y los contribuyentes no aguantarán mucho tiempo.

Muchas veces, para justificar el gasto y para que sea aceptado por las masas, se utiliza el argumento de sacarle más a los que más tienen o también decir que nuestra presión fiscal no es exagerada porque es similar a la de los países nórdicos. Bueno, pongámonos en el lugar de las personas que defienden este razonamiento y veremos cómo al final se contradicen con sus propios argumentos.

Supongamos que estos individuos defensores de las ideas arriba mencionadas están en lo cierto en cuanto a decir que “hay que sacarle más a los que más tienen”, podemos entender esto desde el lugar de que no es lo mismo quitarle el 50% del ingreso a una persona que cobra el salario mínimo que quitárselo a un multimillonario, el multimillonario seguirá teniendo un poder adquisitivo muy grande (olvidémonos de los incentivos y de la capacidad de eludir de los que más tienen y todo lo que ello genera, como que el dinero nunca alcanzará por más porcentaje alto que se le quite a los multimillonarios porque el gasto público no tiene un techo), mientras que al que cobra el salario mínimo le va a cambiar drásticamente sus posibilidades de consumo. Lo que trato de decir aquí es que al primero sólo le afectara quizás psicológicamente y tendrá que posponer la compra de algún bien lujoso, mientras que al segundo le afectará para poder cubrir sus necesidades vitales. Y por este motivo estas mentes defienden quitarle más a los que más tienen. Todo esto es puramente ilusorio porque no ocurre así, lo que termina ocurriendo es el empobrecimiento de la clase media, el mayor empobrecimiento de los que ya estaban en la línea de pobreza y el enriquecimiento de los ricos y de los políticos, es decir una mayor desigualdad, porque se produce un muro contención que aniquila la movilidad social, porque para llegar a tener más tenés que atravesar cada vez mayores costos, por lo tanto, de la clase media para abajo se hace muy difícil progresar mientras los que ya eran multimillonarios no dejarán de serlo, y si no pueden crecer aun más se mudarán a un país donde respeten su propiedad privada y seguridad, acto que una persona de clase media para bajo no puede.

Ahora, bajo esta misma línea de pensamiento de la gente que defiende altos impuestos a los que más tienen para financiar el gasto público y dentro de ello para la redistribución del ingreso, podemos notar una gran contradicción. La primera y principal, cuando comparan nuestra presión fiscal con la de los países “socialistas” nórdicos, que de socialistas no tienen nada.

Comparemos Argentina con Suecia. En Suecia tienen una presión fiscal muy alta, casi como la nuestra, cercana al 44% del PIB. Supongamos, a modo de ejemplo fácil, que como acá en Argentina si tienen todo en blanco deben pagar un 50% de sus ingresos al Estado.Primero que nada, algunos datos porque no es lo mismo quitarle al rico el mismo porcentaje que al pobre (bajo la lógica redistributiva), en este caso Suecia es el rico, tuvo un PIB per cápita para el año 2018 de 54.608dólares, un ingreso medio de 3.926 dólares y un salario mínimo -no existe el salario mínimo-, pero la media de los salarios más bajos es aproximadamente de 18.6 dólares la hora, es decir, 3.571 dólares al mes suponiendo jornada completa incluidos los sábados. Ahora veamos los datos de Argentina que tiene un PIB per cápita para el año 2018 de 11.683 dólares, un ingreso medio de 1.123 dólares y un salario mínimo impuesto por el estado de 273 dólares (calculado al dólar oficial). Bajo la misma lógica, entonces, para la izquierda debería ser terrible en un país como Argentina con uno de los PIB per cápita más bajos del mundo tenga un nivel de presión fiscal tan alto, le están sacando mucho a los más pobres a los que menos tienen, que en nuestro país los que menos tienen es un porcentaje cercano al 50%.

Cuando se logre comprender que lo que se da de parte del Estado le fue quitado a alguien antes o será quitado después, entenderemos lo perjudicial que son los altos impuestos, que impiden la creación y desarrollo de nuevas empresas, que es lo único produce la creación de riqueza, algo que el Estado NO hace y es lo único que puede mejorar el nivel de vida de las personas.

Por Renzo Kobrinsky, estudiante de Licenciatura en Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario y coordinador de Grupo Joven de la Fundación Libertad.

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