JUAN MANUEL REDOLFI
Hay un refrán popular que dice que aunque la mona se vista de seda, mona queda. Parecería que aplica a la perfección a la Argentina. Me refiero, principalmente, a los pocos destellos de racionalidad que dio Alberto Fernández. A aquel que tenga memoria le cuesta creer en que esta escasa moderación duraría en el caso de que volvieran al poder. Con las listas copadas por La Cámpora, el fantasma de Cristina sigue en pie, aunque hayan intentado calmarlo de algún modo. Fantasma que, en mi humilde opinión, ha perdido sus virtudes aterrorizantes y hoy en día cosecha un 49% de los votos. Parecería que ya no da miedo la corrupción, el autoritarismo, el narcotráfico, la impunidad. Parecería que los 51 muertos de la tragedia de Once, cuya responsabilidad se le atribuye a un exfuncionario de la actual oposición, ya no resuenan en la cabeza de la gente. Tampoco lo hace el asesinato del fiscal Nisman, ni las alevosas causas de corrupción, ni la intervención al INDEC.
De todos modos, al escuchar las declaraciones de Alberto Fernández, me encuentro con posiciones totalmente radicales como el apoyo al dictador Maduro, y simultáneamente, mínimas señales de tranquilidad hacia los mercados, que en poco tiempo también radicalizó. Detrás de él, sindicalistas, dirigentes sociales y piqueteros tienen su espacio asegurado en los próximos cuatro años. Gente que dice a viva voz que se va impulsar una “reforma agraria” en pleno siglo XXI o adolescentes que denostan al capitalismo mientras gozan de los beneficios de éste. En fin, es necesario conocer nuestro pasado, para elegir futuro, pero parece que nos hemos olvidado. O quizás, todo esto no importe, en definitiva “es la economía, estúpido”.
La sociedad ha optado en las elecciones PASO del mes de agosto darle la espalda a Macri y convalidar una vez más el proyecto socialista bolivariano. Fue un resultado impactante. Muy pocas horas luego, las acciones argentinas se desplomaron y el tipo de cambio subió un 30%, golpeando aún más al debilitado gobierno de Mauricio Macri. Parecería que la profecía del “Vamos a volver” se estaba cumpliendo, junto con la segunda que se le comunicaba a las expresiones minoritarias: “si al gobierno le va mal en las elecciones PASO, el camino hacia octubre va a ser intransitable”.
Así fue, no era momento para probar cosas nuevas, había que dejar atrás, y de una vez por todas, al kirchnerismo. Con esto no estoy diciendo que el gobierno de Macri haya sido de los mejores, aunque hay que reconocer que con esta gestión, Argentina se ha dado un paso inmenso hacia el institucionalismo, consolidando también una época dorada en las relaciones internacionales del país, junto a una lucha incansable contra el narcotráfico de la mano de la ministra Patricia Bullrich. A su vez, la asistencia estatal hacia la clase baja ha aumentado de la mano de políticas sociales apuntadas a disminuir los efectos de este tal “ajuste” que no fue, mientras que la clase media (el mayor caudal de votantes de Cambiemos, ahora Juntos por el Cambio) tuvo que resistir una inflación indomable junto a una de las cargas impositivas más altas del mundo. Y esto lo llevó al declive, el bolsillo pesó más que la honestidad. Humildemente creo que Cambiemos gobernó para una parte de la sociedad que nunca lo votó ni lo haría, olvidándose de la gente que hizo posible su llegada al poder, o quizás pensando que los iban a volver a acompañar a cualquier costo, pero esto no ocurrió y hoy en día es lo que se vio reflejado en las urnas.
Está en nosotros elegir el rumbo de nuestro país durante los próximos 4 o quizás 8 años. El ideal del Estado que los liberales pregonamos lejos está de alcanzarse, sin embargo, creo que hoy en día es necesario dar otra batalla. Se debe resguardar nuestra institucionalidad haciendo lo imposible para evitar la vuelta de un régimen totalitario que hasta ha amenazado con reformar la Constitución. Una vez logrado esto, vamos a tener las condiciones necesarias para poner sobre la mesa los ideales, discutir el tamaño del sector público y todos sus privilegios, la transparencia y el orden, la institucionalidad y el respeto por las libertades individuales. Hoy la prioridad es otra, como dice el Preámbulo de nuestra Constitución, debemos “Asegurar los beneficios de la libertad” dando la mejor lucha de cara a octubre.
Por Juan Manuel Redolfi, estudiante de Licenciatura en Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario y miembro de Grupo Joven de la Fundación Libertad.