ALAN GALIANO
Hoy, 17 de septiembre, se realizó un abrazo simbólico en el aeropuerto bonaerense de El Palomar, Aviador Teniente Benjamín Matienzo, con motivo de manifestar el deseo de prohibir que aviones despeguen y aterricen en horarios nocturnos, ya que esto causa la molestia de la gente de la zona. Puede llegar a parecer lógica esta denuncia, pero si analizamos los hechos nos damos cuenta de que no lo es para nada. Cuando un avión carretea llega a unos 91 decibeles de ruido, siendo 70 decibeles el límite de un ruido normal, puede parecer mucho, pero los trenes cuando comienzan a desacelerar en las estaciones también promedian los 91 decibeles, mientras que los colectivos y las motos llegan a alcanzar unos 90 decibeles en promedio. ¿Qué quiero decir con esto? Que el ruido es un problema, claro. Pero lo es tanto como el ruido de cualquier otro vehículo.
Entonces, lo que está sucediendo en El Palomar no es solo la molestia de los vecinos, va mucho más allá. Resulta que aquellos perjudicados por la medida judicial serían más que nada las aerolíneas low cost, que son las que tienen más horarios nocturnos. Por lo que cabe preguntarse ¿qué es lo que está detrás de todo esto? Y como es de esperarse, conociendo el país en el que vivimos, quienes están detrás de esto efectivamente son los sindicatos. Recordemos que “los defensores de la igualdad y los trabajadores” no quieren que trabajes, no quieren que tengas oportunidades, solo quieren que vivas en igualdad, igual de pobre que el resto del pueblo. A las aerolíneas que no son low cost les molesta la competencia, por lo que este fallo judicial les beneficiaría, si total Aerolíneas Argentinas, por poner un ejemplo, depende del Estado. Y les da completamente igual que gane o pierda más o menos dinero. Lo que les molesta es que ahora los trabajadores y la gente con menos recursos puedan acceder a viajar en avión como ellos, son la verdadera oligarquía argentina.
Y es que no solo pasa con las aerolíneas low cost, lo vemos con cualquier empresa que llega a innovar y revolucionar el mercado de los servicios en el país. Tenemos a Uber y los taxistas los persiguen por ser más baratos y ser supuestamente una competencia desleal. La competencia desleal es del taxista que, utilizando todo el poder del Estado, busca frenar Uber. Y ¿por qué lo hacen? Pues porque Uber ofrece un servicio superior. Lo mismo ocurre con los que están en contra de las plataformas de servicios de envíos, como lo son Pedidos Ya o Rappi, que sí, pueden tener miles de fallos como cualquier otra empresa, pero vinieron a dar trabajo, y a ellos también los quieren prohibir.
Por lo que repito, queda algo muy claro y es que estos sectores de izquierda no quieren que las personas tengan nuevas oportunidades laborales y puedan progresar en su vida, no quieren que se pueda acceder ni a un trabajo en blanco ni que gocemos de servicios de calidad a precios inferiores. Solo quieren mantener su monopolio, y ganar más dinero a costa de ofrecer un peor servicio.
Por Alan Galiano, estudiante de Contador público en la Facultad de Ciencias Económicas y estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario.