LAS DOS NOGALES

IGNACIO BONGIOVANNI

Son las ideas y las instituciones las que marcan la diferencia

 Un caso ejemplar: Las dos Nogales

La ciudad de Nogales está dividida por una alambrada. De un lado tenemos a Nogales (Arizona) que pertenece al condado de Santa Cruz, y tiene una renta media de 30000 dólares anuales por hogar. Sus adolescentes asisten a la secundaria y la mayor parte de sus adultos tienen el secundario completo. Según los criterios mundiales cuentan con una población relativamente sana y una esperanza de vida elevada. El gobierno les proporciona servicios tales como electricidad, rutas, cloacas, teléfono, programa de asistencia sanitaria para los mayores, etc. También el gobierno les garantiza una ley y un orden. Los habitantes de Nogales (Arizona) viven sin un temor constante al robo, expropiación, pueden votar para sustituir a su intendente, o miembros del congreso. Votan en elecciones nacionales para definir quién será su presidente. En definitiva, la democracia ya es costumbre para ellos.

En la otra parte de Nogales (Sonora), la renta media de cualquier hogar es de alrededor de una tercera parte de la que tienen en Nogales (Arizona). Muchos de sus adolescentes no asisten a la secundaria y la mayor parte de los adultos no poseen título secundario. Tiene altos índices de mortalidad infantil y la sanidad pública es deficiente, por lo tanto son menos longevos que los habitantes que viven del otro lado de la alambrada. Las carreteras son un desastre al igual que la ley y el orden. Los habitantes conviven con altos grados de delincuencia y abrir un negocio es muy difícil debido a todos los permisos y sobornos necesarios. Los ciudadanos de Nogales (Sonora) se han acostumbrado a la corrupción y a la incompetencia de sus políticos.

Por qué son tan distintas estas dos mitades, si no hay diferencias en el clima, ni en la geografía, ni en las enfermedades. Incluso sus habitantes comparten antepasados, consumen la misma música y comidas. Hasta podríamos decir que tienen la misma cultura.

La diferencia proviene de la frontera que separa a Nogales (Arizona) perteneciente a los Estados Unidos de Nogales (Sonora) perteneciente a México.

Los habitantes de Nogales (Arizona), gozan de las instituciones económicas y políticas estadounidenses. Trabajo libre, formación académica, elevadas tecnologías, mejores sueldos, elección de sus representantes, sanidad pública, rutas, ley y orden. Del otro lado de la frontera, los habitantes de Nogales (Sonora) conviven con instituciones que funcionan de una manera sumamente ineficiente.

Las instituciones funcionan de maneras muy distintas en las dos Nogales, son sus incentivos los que marcan la diferencia. Las instituciones de una nación son centrales para su desarrollo y prosperidad, pero tampoco son todo lo que hay. Lo que nos ayudará a entender un poco más esta divergencia, es el análisis histórico de las colonias y su posterior evolución.

Primero tenemos que tener en claro que tanto los colonos españoles como los ingleses no estaban interesados en cultivar la tierra ellos mismos, querían que lo hicieran los indígenas. Uno de los mayores intereses de estos colonos era el saqueamiento del oro y la plata que poseían los aborígenes.

España conquistó y colonizó la mayor parte de América Central y el oeste y el sur de Sudamérica. La dominación de los españoles sobre los indígenas consistía en la captura de su líder. Con esta estrategia, reclamaron la riqueza acumulada de los líderes  y coaccionaron a los pueblos indígenas para que les entreguen tributos y comida. Así también, se encargaban del control de los impuestos y sobre todo de los trabajos forzados.

La invasión a México fue comandada por Hernán Cortés en 1519, la expedición de Perú fue liderada una década y media después por Francisco Pizarro, y en 1534 Pedro de Mendoza fundó la ciudad de Buenos Aires.
Las estructuras sociales y las instituciones eran parecidas a lo largo de las colonias españolas. Estas instituciones estaban destinadas a saquear el oro y la plata de los indígenas, y a la explotación de los mismos. «El conjunto formado por encomienda, mita, repartimiento y trajín tenía como objetivo obligar a los pueblos indígenas a tener un nivel de vida de subsistencia y extraer así toda la renta restante para los españoles.»[1]
Por tanto, el trato que recibían los indígenas era muy cruel. Los despojaron de sus tierras, los obligaron a trabajar pagándoles sueldos bajísimos, imponiéndoles impuestos elevados y cobrando precios enormes por productos que ni siquiera compraban voluntariamente.[2] De esta manera estas instituciones generaban muchísimas ganancias para la corona española, e hicieron muy ricos a los conquistadores y a sus descendientes, pero a la vez, convirtieron a América Latina en uno de los continentes más desiguales del mundo.

Mientras el imperio español comenzaba su conquista en América en 1492, Inglaterra se estaba recuperando de los desastres causados por una guerra civil, la guerra de las Dos Rosas. Al estar Inglaterra muy debilitada no podía saquear y explotar a los indígenas de América.

Los ingleses no eligieron colonizar Norteamérica porque fuera una zona atractiva, sino porque eran las únicas tierras que quedaban disponibles. Los sitios más deseados por los colonos (lugares con abundante población indígenas y minas de oro y plata), ya estaban ocupados.

El esquema de colonización que había funcionado muy bien para Cortés y Pizarro no funcionaría en Norteamérica. “No había ninguna posibilidad de establecer una explotación para hacerse rico rápidamente en Virginia del estilo de las de México y Perú. No había oro ni metales preciosos y no se podía obligar a los indígenas a que trabajaran para ellos ni a que les proporcionaran comida.”[3] La única opción viable era que los propios colonos sean los que tendrían que trabajar la tierra, y para que esto ocurriese era necesario crear instituciones que incentiven a los colonos para invertir y trabajar duro.

A partir de 1618 comenzó el “sistema de reparto por cabeza”, que daba a cada colono cincuenta acres de tierra y cincuenta acres más por cada miembro de su familia. En 1619 se les dio participación a todos los hombres adultos en las leyes e instituciones que gobernaban la colonia mediante una Asamblea General. Este era el inicio de la democracia en los Estados Unidos.

A medida que Norteamérica se desarrollaba y progresaba, las elites inglesas intentaban sin descanso introducir instituciones que limitaran fuertemente los derechos económicos y políticos para todos los habitantes de la colonia, excepto para una minoría privilegiada, al igual que habían hecho los españoles. Sin embargo todos estos intentos fracasaron una y otra vez.

Ya por el año 1720, las trece colonias que en el futuro serían los Estados Unidos tendrían estructuras de gobierno similares. En dichas colonias existía un gobernador y una asamblea basada en el derecho a voto de los propietarios masculinos. Todavía no eran democracias porque las mujeres, los esclavos y el resto de las personas sin propiedad no podían votar. “Fueron aquellas asambleas y sus líderes los que se unieron para formar el Primer Congreso Continental en 1774, el preludio de la independencia de Estados Unidos”.[4]

Llegados a este punto, ya comienza a ser notorio por qué Estados Unidos y no México, fue el país que adoptó una constitución que contenía principios democráticos, límites al uso del poder político, y repartía ese poder ampliamente entre la sociedad.

Pensemos que México entre 1824 y 1867 tuvo 52 presidentes, de los que pocos de ellos asumieron el poder de acuerdo con algún procedimiento aprobado constitucionalmente. Esta inestabilidad política produjo que los derechos de propiedad fueran muy inseguros, asimismo provocó un debilitamiento del Estado, el cual pasó a tener poca autoridad para aumentar los impuestos o brindar servicios públicos. Las instituciones mexicanas, que basaban la sociedad en la explotación de los pueblos indígenas y la creación de monopolios, destruyeron los incentivos y las iniciativas de la gran masa de la población. La nación de México se hacía cada vez más pobre y desigual mientras su vecino, Estados Unidos, se adentraba en la revolución industrial.

La revolución industrial, comenzó en Inglaterra. Esta era de gran productividad caracterizada por constantes avances tecnológicos tenía como motor a la innovación, encabezada por hombres de negocios y nuevos emprendedores. Este florecimiento que tuvo su cuna en Inglaterra pronto se extendió a los Estados Unidos. Esta última nación en el siglo XIX, era la más democrática tanto en el ámbito político como en el terreno de la innovación. Este hecho fue crucial para que se convirtiera en el país más innovador de nuestro planeta.

Los párrafos anteriores dan cuenta de las grandes diferencias que había entre ambos imperios. El español era un imperio de conquista mientras que el inglés era un imperio de comercio. Las colonias que se radicaron en el actual Estados Unidos, fueron formadas teniendo en cuenta las virtudes burguesas, es decir, que fueron constituidas por personas que habían vivido esa revaluación de la que habla Deirdre McCloskey. Estos individuos, que eran básicamente burgueses, traían consigo valores favorables al trabajo, al esfuerzo y tantos otros atributos que permitieron la creación de instituciones eficientes y honestas. En cambio, México, fue una nación formada por un modelo aristocrático, y por tanto sufrió las consecuencias de los valores e ideas regidas en este modelo, generando así no solo instituciones deficientes en lo económico sino también sumamente vulnerables.

Las consecuencias de la organización de la sociedad colonial y de los legados institucionales de estas, sugieren una posible causa de las actuales diferencias entre Estados Unidos y México y, por lo tanto, entre las dos Nogales. Veamos los ejemplos de Bill Gates y Carlos Slim, dos hombres que se encuentran entre las 10 personas más ricas del mundo. Bill Gates fue hace unos años el hombre con mayor fortuna del planeta y el fundador de Microsoft, una de las empresas más innovadoras en el rubro tecnológico. Sin embargo esto no impidió que el Departamento de Justicia de los Estados Unidos demandara a Microsoft en mayo de 1998 y afirmara que esta firma abusaba del poder de monopolio. En México por otro lado, Carlos Slim no logró ser multimillonario mediante la innovación, su golpe maestro fue la adquisición de Telmex, el monopolio de telecomunicaciones mexicano, que fue privatizado por el presidente Carlos Salinas en 1990. El gobierno anunció la intención de vender el 51% de las acciones con derecho a voto en el año 1989. A pesar de que Slim no hizo la mejor oferta ganó la subasta[5]. Y en lugar de pagar las acciones inmediatamente, consiguió retrasar el pago, y utilizó los dividendos del mismo Telmex para pagar dichos títulos. Es decir que México pasó de tener un monopolio público a uno privado en manos de Slim. Fueron las débiles instituciones mexicanas y la corporación política la que le permitió a Slim ser el hombre más rico de México.

 

[1] ACEMOGLU & ROBINSON, (2012), pp 33
[2] ACEMOGLU& ROBINSON, (2012)
[3] ACEMOGLU, DARON & ROBINSON JAMES A., (2012), Por qué fracasan los países, Barcelona-España, Ed. Ediciones Deusto pp 37
[4] ACEMOGLU & ROBINSON, (2012), pp 43
[5] ACEMOGLU & ROBINSON, (2012)

 

Por Ignacio Bongiovanni, extracto de su tesis «Dos revoluciones, un factor común: Las Virtudes Burguesas» Licenciado en Economía UCEL, Relaciones institucionales en Fundación Libertad, Coordinador General del Grupo Joven de la Fundación Libertad.

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