LUCA ERCOLI
Los libertarios somos, filosóficamente, enemigos del estado. Nuestro mundo ideal sería uno sin Estado, o con un Estado lo más reducido posible. Pero, ¿por qué? ¿Acaso el Estado no es una institución que fortalece a la sociedad? ¿Acaso los países no se desarrollaron gracias a la participación activa del Estado, tanto económica como socialmente? ¿No llevó la ausencia de Estado a las mayores crisis de la historia, como la WWI, WWII o la crisis del 29? Todos estos interrogantes y más serán respondidos en este artículo con datos empíricos, teoría económico-social, y mucha historia.
Citando a Max Weber, algo es un Estado cuando posee el monopolio de la violencia en un determinado territorio. O sea, el Estado es aquella institución que, en teoría, se debe encargar de ejercer la violencia para preservar el orden de la sociedad. Obviamente, éste se financia mediante impuestos que, como su nombre lo indica, violan uno de los tres derechos negativos liberales (libertad, vida y propiedad): el derecho a la propiedad.
Los liberales clásicos, al notar esta incongruencia en sus ideales, se apoyaron en el “contrato social” ideado por Rousseau en la época de la ilustración. Este argumento sostiene que la violación de los derechos por parte del Estado, por ejemplo el de la propiedad, está justificado, siempre y cuando sea por el bien de la sociedad, mediante un “contrato” que supone que la totalidad de los miembros de aquella sociedad está a favor de someterse a las normas comunes y reconociendo la existencia del Estado como autoridad. Obviamente esto es una gran falacia, ya que es imposible que completamente todos los individuos estén de acuerdo con seguir las órdenes del Estado. Yo soy la viva prueba de aquello pues me declaro firmemente anarco-capitalista.
Ya habiendo entendido que el contrato social no es argumento válido para justificar la violación de los derechos negativos por parte del Estado, pasemos a su forma de gastar. El gasto del Estado es, con diferencia, la peor forma de gasto que haya existido en la historia de la humanidad. Pensemos, ¿qué tanto cuidado y reparto del dinero haría un ser humano cuando el dinero que usará no es el suyo y, además, lo debe gastar en otros y en sí mismo? Es una reflexión interesante, sin duda.
Pero, más allá de la discusión filosófica, ¿es real que el Estado fue un impulsor de la riqueza y la prosperidad para la humanidad? Muy bien, aunque muchos economistas actualmente creen que para que un país sea próspero requiere de una protección estatal fuerte hasta desarrollar su industria, para luego salir a competir con el mundo, los datos muestran todo lo contrario.
Fuente: Libertad y progreso en base a Orlando Ferreres: “Dos siglos de economía Argentina”.
En la época dorada de Argentina, la cual comprendió entre 1880 y 1913 aproximadamente, tuvimos una tasa de crecimiento anual de la industria del 8,06%, prácticamente triplicando la etapa peronista y militar, y septuplicando la etapa democrática hasta 2009. Sin mencionar que tuvimos siete veces mayor crecimiento salarial, tres veces mayor crecimiento anual de la renta per cápita y dos veces mayor crecimiento del PIB.
No sólo tenemos el ejemplo de Argentina, miles de países, imperios y civilizaciones nos sirven como demostración de que el Estado es simplemente una piedra en el camino a la prosperidad y el progreso.
En Egipto, durante siglos el gobierno trató de mantener el control de la cosecha de granos, sabiendo que el control de la comida es el control de la vida. Utilizando el pretexto de prevenir el hambre, el gobierno gradualmente reguló más y más los graneros. Los trabajadores egipcios sufrieron mucho durante este período de los abusos de la intervención estatal en la economía, especialmente con la «ley de bronce», que sostenía que los salarios nunca podían subir por sobre las mínimas necesidades para mantener a los trabajadores vivos. La economía egipcia sufrió un colapso a fines del tercer siglo a.C., como también su estabilidad política. La crisis financiera fue ya permanente. La moneda se devaluó. El comercio de Alejandría declinó. Los trabajadores, disgustados, abandonaban sus tierras y desaparecían del país.
En Babilonia, hace unos 40 siglos, el Código de Hammurabi, el primero de los grandes códigos legales escritos, impuso un rígido sistema de controles entre salarios y precios. Estos controles restringieron la producción y distribución babilónica, y ahogaron el progreso económico. Los registros históricos muestran una caída del comercio en el reinado de Hammurabi y sus sucesores. Esto se debió a los controles de precios y salarios, y a la influencia de un fuerte gobierno central que intervino en la mayoría de los asuntos económicos generales.
También tenemos al mismísimo imperio romano, una de las razones de su caída fue la fuerte depreciación de su moneda con respecto a las piedras preciosas y minerales como la plata por la mala administración de su Estado:
Las mayores matanzas y guerras de la historia fueron dirigidas desde el trono de ciertos Estados, recordar que la Primera Guerra Mundial fue causada por rivalidades territoriales, políticas, diplomáticas y nacionalistas. La segunda Guerra Mundial fue causada por invasiones de imperios (un tipo de Estado anti-liberal ya que se basa en la guerra) y a rivalidades políticas y territoriales. La crisis del 29’, como explica Murray Rothbard, fue causada por la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra durante los años 20’, instituciones que se encargan de hacer público el dinero.
En conclusión, y a pesar de las creencias populares, el Estado no es el camino al progreso, sino una piedra en el camino a la prosperidad. Cuanto menos Estado, mayor es el progreso de una sociedad. Gracias por leer.
Fuentes:
- Libertad y progreso en base a Orlando Ferreres: “Dos siglos de economía Argentina”.
- Jean-Philippe Levy: «The Economic Life of the Ancient World».
- Chilperie Edwards: «The Hammurabi Code and the Sinaitic Legislation».
- F. Leemans: «The Oíd Babylonian Merchant».
- James Wellard: «Babylon».
- SocGen, Dylan Grice.
Por Luca Ercoli, estudiante de Técnico en electrónica en el Instituto Pío IX de Almagro, de 16 años.