Grupo Joven Fundación Libertad

LA ACCIÓN VOLUNTARIA

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ALAN GALIANO

El ciclo de la vida es uno mismo para todos nosotros: nacemos, crecemos y morimos. Si hay algo de lo cual no nos podemos salvar y tal vez nunca podamos, es de la muerte. Entonces, ¿por qué haríamos algo si al fin y al cabo todos algún día moriremos? Nacemos, vamos a la escuela, a la universidad, trabajamos, conocemos gente, hacemos amigos, practicamos deportes, ¿para qué? ¿Qué es lo que busca el individuo al hacer algo cuando todos, hagamos lo que hagamos, tendremos un final?

La respuesta, si bien es muy personal, es siempre la misma independientemente de la persona, y hasta los padres fundadores de los Estados Unidos de Norteamérica la conocían ya en su época. Por lo que la podemos encontrar en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos: la búsqueda de la felicidad. A todos nos puede dar felicidad cosas diferentes. Por ejemplo, ser famoso, ser rico, ayudar al prójimo o ver crecer a todos nuestros descendientes. Sin embargo, lo que nos impulsa a todos a realizar esas acciones es la felicidad inherente en cada una de ellas. Nadie quiere morir de hambre o sed, ni nadie quiere volver a vivir en cavernas como en la antigüedad. Eso no nos produce felicidad.

De esta manera, podemos afirmar que la base principal de la felicidad es el egoísmo, ya que absolutamente todo lo que realizamos lo realizamos para nuestra propia satisfacción. Es un poco contradictorio, ya que si queremos hacer algo por alguien más uno podría pensar que no es egoísta, sin embargo, lo es. Ya que, si no, ¿por qué lo haríamos? Pensemos en la situación de que debemos alimentar a nuestros hijos, los alimentamos ya que ello nos hace realmente felices, nadie quiere ver morir a sus hijos de hambre. Asimismo, alimentamos a nuestros hijos pero no a los hijos de los demás, ya que estos últimos no nos proveen de infelicidad si les sucede algo. Pensemos que cada día muere muchísima gente de hambre, y no obstante ello nosotros vivimos normalmente, no se nos mueve ni un pelo.

Veamos otro ejemplo, el de salvar a alguien que está a punto de morir. Vamos a afirmar primeramente que la felicidad es medible ordinalmente, es decir, que ordenamos de forma tal que aquello que más queremos ocupa una primera posición en una sucesión ordenada de acciones, todo ello mental e inconscientemente, claro. Por lo que si alguien está a punto de morir lo que haremos es salvarlo, pero no lo salvamos por el hecho de salvarlo en sí, sino porque el remordimiento o la culpa no nos hará tan felices como el hecho de no poseerlos. De esta manera, tenemos en un primer lugar, el hecho de salvar a la persona para evitar nuestra infelicidad y en segundo lugar el seguir nuestro camino.

Entonces, podríamos decir que la felicidad nos lleva a una única cosa: comodidad. Volvamos a los trágicos ejemplos anteriores, no nos producen felicidad por el simple hecho de que no nos producen comodidad, entendiendo a la comodidad como una cualidad que hace la vida más fácil. Pensemos, por caso, en cuando tratamos de salir de nuestras zonas de confort, el intentar algo totalmente nuevo, cambiar radicalmente, ¿qué pasa? Son pocos los que se animan a ello, porque no le es cómodo e instantáneamente no produce felicidad. Sin embargo, en el largo plazo, si aquello por lo que renunciamos a nuestra zona de confort es algo bueno, poco a poco nos volverá más felices, encontrando así más felicidad de la que ya poseíamos.

Para verlo retrocedamos al momento en el que el ser humano aún era nómada, la razón por la que se volvieron sedentarios fue gracias a todos los descubrimientos relacionados con la agricultura. Pero, ¿se volvieron sedentarios porque ello era lo que realmente querían? No, lo hicieron por el simple hecho de que así era más cómodo, más fácil para vivir. Tranquilamente podríamos haber seguido consumiendo carne cruda y viviendo en cuevas, sin embargo, buscamos algo más cómodo.

La historia humana es una historia de la búsqueda de la felicidad, el encontrar siempre algo más cómodo, más eficiente y más simple. Aquello que realmente nos mueve, el por qué actuamos no es nada más ni nada menos que el buscar la forma de vivir mejor y es por ello por lo que la humanidad nunca paró de descubrir e inventar. Si nuestros ancestros nos dejaron algo, era porque les hacía feliz el hecho de que nosotros pudiéramos gozar de aquellas cosas y estemos más cómodos, sino hoy en día no sólo que no tendríamos nada, sino que nosotros mismos destruiríamos todo cuanto creáramos.

Y es que el humano actúa según los incentivos que tenga para ello, siendo tres los que mencionamos: la felicidad, la comodidad y el egoísmo, pero en el fondo todos ellos siendo uno sólo, ya que todos se complementan entre sí. Estos incentivos son sumamente importantes, ya que no existe acción voluntaria sin ellos, como pudimos observar.

Por esta razón es que en las sociedades más libres es dónde mejor las personas pueden desarrollarse en todo sentido, ya sea artístico, económico o sentimental, porque tienen incentivos para hacerlo. Pensemos en una sociedad ficticia bíblica donde todo sea proveído por un dios, claramente nadie haría nada, ya que no tendría sentido. Ahora cambiemos a dios por el Estado en el mismo ejemplo y el resultado es el mismo.

 

Por Alan Galiano, estudiante de Contador público en la Facultad de Ciencias Económicas y estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario.

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