JUAN MANUEL REDOLFI
Hoy en la facu pasé por al lado de un grupo de jóvenes pertenecientes a una agrupación política nueva en el edificio, la cual me llamó la atención. Principalmente, me atrajo la remera que usaban los integrantes del grupo. Tenía la cara de Ernesto “che” Guevara. Me pregunté si sinceramente conocían la historia de esta persona, su vida, más allá de lo que nos cuentan en las aulas, y al mismo tiempo si lo hacía la sociedad argentina, ya que su imagen es idolatrada en plazas y edificios, y su accionar reivindicado en nuestra educación pero sus víctimas permanecen prácticamente desconocidas.
Quizás nos resulte normal cuando pensamos en Cuba asociarla rápidamente con el comunismo. Sin embargo, no siempre fue así. El Che conoce a Fidel Castro en México, en el año 1955. Fidel se encontraba, en ese entonces, exiliado y organizando el movimiento guerrillero conocido como Movimiento 26 de Julio (M-26-7), el cual adhería al comunismo y al totalitarismo. Un año más tarde, en 1956, junto a 82 guerrilleros zarpan a Cuba para iniciar la denominada revolución cubana y logran establecer su base guerrillera en Sierra Maestra, aumentando sus filas a 400 hombres en febrero de 1958. Dicha revolución culminaría el 1ro de enero de 1959 con un triunfo para los revolucionarios, obligando al dictador Fulgencio Batista, el cual se encontraba en el poder, a exiliarse en República Dominicana.
Pero lo que no se cuenta en ningun lado es lo que se vivió y se vive durante esta dictadura socialista que todavía sigue en pie. En Cuba, hace más de 60 años que no se eligen gobernantes. Para darnos una idea de tal aberración, si sumamos todos los años que Argentina estuvo bajo dictaduras, este período es de 22 años. Además, recordemos que el socialismo tuvo que construir un muro en Berlín para que la gente no se escape de este régimen que sistemáticamente viola los 3 derechos fundamentales del individuo: el derecho a la vida, a la propiedad y a la libertad. Y Cuba no es la excepción. No sólo ésta se encuentra hundida en la pobreza extrema a tal punto que la ha dejado perdida en el tiempo y con niños pidiendo por un jabón o unas simples galletitas a los turistas que salen de los hoteles, sino que también ha logrado, gracias a su geografía, aislar a su población del mundo y expropiar a sus habitantes cada centavo de su bolsillo. No obstante, la figura de Guevara parecería no verse afectada, ni por las consecuencias sociales ni económicas del régimen que él mismo promovió, ni por la sangre que derramó. Por tal motivo, creo necesario darlo a conocer en su justa medida.
Luego de la instauración de este “régimen revolucionario”, a menos de un año de su llegada al poder, el número de fusilados en Cuba era de 79 personas, 55 de los cuales fueron por orden directa de Guevara. Lamentablemente, el número total de muertos en manos de estas personas es incalculable. Pero un proyecto de investigación llamado Cuba Archive (Archivo Cuba), el cual es una iniciativa de Free Society Project, Inc., una organización y centro de estudios sin fines de lucro establecida en Washington D.C., informa de cerca de 10.000 muertes (de las cuales 3084 son fusilamientos) documentadas durante el régimen revolucionario cubano, que va desde 1959 hasta 2018. Sin embargo, sólo representan una mínima fracción de las muertes y desapariciones que se podrían atribuir al proceso revolucionario, especialmente al actual régimen cubano.
Además de la falta de información sobre muchas muertes y desapariciones, no se ha incorporado a la base de datos las muertes de cubanos en Angola, por no tener fecha y circunstancias para las 2085 muertes que el gobierno de Cuba reporta, como tampoco de angoleños o de la mayoría de los nativos de países donde Cuba intervino militarmente o apoyó la subversión y el terrorismo a nivel mundial. Es por esto que se estima que el costo en vidas del régimen de los hermanos Castro en Cuba está en los cientos de miles. Cabe destacar, entonces, los altos niveles de hipocresía de los movimientos de izquierda, que glorificando al Che y llevándolo estampado en gorras o remeras dicen luchar por los derechos humanos y los desaparecidos durante la última dictadura militar.
Imagino que si alguien llevara puesta una remera con la cara de Hitler o Videla sería detestable. Entonces, intento buscar alguna bandera que persigan estos jóvenes socialistas y que se relacione con Guevara para que puedan, así, llevarlo felizmente en su vestimenta. Se me viene a la cabeza la lucha por los derechos LGBT. Lamento decirles que Guevara tenía inclinaciones homofóbicas. Es más, él consideraba a los homosexuales como pervertidos sexuales y los describe junto a Castro como una decadencia burguesa.
En una entrevista, Castro expresa a la homosexualidad como “una desviación que choca con el concepto que tenemos de lo que un militante comunista debe ser”. Por esto, los homosexuales eran obligados a trabajar en campos de concentración (sí, como los nazis hacían con los judíos) que el mismo Guevara ayudó a establecer en 1960, modificando el lema de Auschwitz “el trabajo te libera” por uno nuevo: “El trabajo los hará hombres”. De nuevo, no hace falta recabar mucho en los argumentos de la izquierda para darse cuenta de las contradicciones e hipocresías en las que incurren estos partidos que dicen luchar por los derechos LGBT. Ésta, junto a la lucha por la democracia y tantas otras más, son las banderas que la izquierda se ha robado.
Otro rasgo que de Guevara se omite era su racismo. En su diario, se refirió a los negros como «esos magníficos ejemplos de la raza africana que han mantenido su pureza racial gracias a su falta de afinidad con el baño».
Luego de todo esto, hablar del Che les debería dar vergüenza. No es culpa de ellos, aunque es entendible que lo hagan, debido al nivel de adoctrinamiento que existe en la sociedad argentina. O quizás, porque creen que no se puede mirar la historia con los mismo ojos de hoy en día. Están en lo cierto, pero glorificar su figura y su accionar en Cuba denota en los movimientos de izquierda, como mínimo un alto nivel de ignorancia, por no decir hipocresía y cinismo.
Es una lástima que una parte de la juventud idolatre a este personaje sombrío, que nos ha dejado la historia. Pero como en todos lados, existen responsabilidades. Llevado a un ámbito municipal, el gobierno socialista ha inaugurado plazas y paseos en nombre de él o hasta incluso ha ploteado los colectivos urbanos con una gigantografía de su cara, dejando de lado, a la gente que no desea verlo. Un gobierno que reivindique a esta persona deja mucho que desear. Espero que algo les haya quedado. La próxima vez que alguien lo nombre y les diga de llevarlo junto a ustedes, anhelo que se acuerden de él como verdaderamente fue, un asesino, homofóbico y racista.
Por Juan Manuel Redolfi, estudiante de Licenciatura en Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y Estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario y miembro de Grupo Joven de la Fundación Libertad.