RENZO KOBRINSKY
Se podría decir que no, dado que es el estado natural del hombre, por lo tanto no es algo que se haya creado, ni que se haya pensado, puesto que era así. Entonces, ¿qué es la pobreza? ¿Siempre fue igual la pobreza? ¿Cómo sabemos quién es y por qué es pobre?
Como dicen los economistas: ¿comparado con qué? La pregunta que tenemos que hacernos entonces es ésta: ¿Pobre comparado con quién? Si nos comparamos con Jeff Bezos somos todos, o una gran mayoría, pobres, no tenemos ni de casualidad su poder adquisitivo. Por lo tanto, podemos decir que el término “pobreza” es un concepto dinámico que va evolucionando con el tiempo y que depende de la riqueza, dado que los pobres de hoy no llevan la misma vida que los pobres de hace 50, 100 y ni hablar 200 años, sino que llevan una que previo a la Revolución industrial hubieran sido de las clases más altas. Y esto es gracias a la ya mencionada Revolución industrial, comenzada en Inglaterra y luego expandida a toda Europa y el mundo. Producto de un reducido control gubernamental sobre la economía y de que las élites no trataban de resistirse a los cambios de las nuevas tecnologías.
Gracias a esta nueva libertad que contempló la sociedad comenzaron a crear experimentos y aplicaciones tecnológicas de los descubrimientos científicos, los cuales mejoraron los métodos de producción que se habían mantenido iguales desde hacía mil años. La innovación producía un aumento inimaginable en la productividad (tengamos en cuenta que partieron de “menos mil” por lo tanto su posibilidad de crecimiento, como hoy en día ocurre en los países subdesarrollados o en desarrollo, se daba a una tasa gigantesca). Lo cual generaba un aumento al valor de la producción de cada trabajador, al igual que a sus ingresos. Entre 1820 y 1850, la población creció un tercio y lo ingresos reales de los trabajadores aumentaron un 100%. Si se hubiera mantenido el sistema previo a la Revolución; poder llegar a un aumento del salario de esta magnitud a una persona promedio de la época le hubiera costado aproximadamente dos mil años.
La pobreza no tiene causas (dado que es el estado natural del hombre), pero sí podemos decir que la pobreza es sinónimo de inactividad, la cual se da cuando las personas no tienen la libertad para poder crear, pensar, decidir, asociarse, gastar, etc. cómo, cuándo y dónde quieran, es decir cuando las personas no tienen incentivos. La pobreza no tiene explicación, es el punto de partida de todos los seres humanos, lo único que tiene explicación es la riqueza. Por lo tanto, si queremos realmente “acabar” con la pobreza (entre comillas porque como se explicó es dinámico y por comparación nunca dejará de haber pobres, pero podrá haber pobres ricos comparados con los de hoy) lo que debemos hacer es crear riqueza, y el sistema que mejor funciona hasta hoy conocido para crearla es el capitalismo en una sociedad libre.
La pobreza extrema en el planeta se ha reducido de 1.894 millones de personas en 1990 (el 35,8% de la población mundial de la época) hasta 735 millones en 2015 (el 10% de la población mundial). Imaginemos que si se hubiera mantenido la tasa de crecimiento de la pobreza de 1990 para atrás, hoy en día la cantidad de pobres sería aproximadamente de 2.633 millones (1900 millones más que en la actualidad). Si establecemos la línea de pobreza en 3,2 dólares diarios (1.168 dólares anuales), la tasa de pobreza cae desde el 55,1% en 1990 al 26,2% en 2015; si la colocamos en 5,5 dólares diarios (2.007 dólares anuales), esta desciende desde el 67% al 46%, y si la colocamos en 15 dólares diarios (5.475 dólares anuales), minora desde el 80,8% al 74,6%.
Tasa de pobreza mundial para distintos umbrales.

Fuente: Banco Mundial (moneda: dólar).
A contrario de lo que se dice en la jerga común que la Revolución industrial fue un proceso por el cual se esclavizó a millones de personas y se los obligó a trabajar por largas y arduas horas hasta prácticamente la muerte, para que los dueños de las fábricas puedan enriquecerse a más no poder pagándoles casi nada a sus obreros y teniéndolos en condiciones deplorables (por lo menos así me lo enseñaron en la secundaria y se repite en muchos lugares). Lo que realmente fue es un punto bisagra donde los grandes pensadores de la Ilustración como Adam Smith se oponían rotundamente a los mercantilistas (el mercantilismo fue la escuela económica dominante previo a la Revolución Industrial) los cuales consideraban que la pobreza era necesaria como incentivo para que las personas trabajen más y más arduamente; a la vez que consideraban que bajar los salarios era la única forma de reducir los costos (no existían los avances, claro). Y además fue el momento donde se crearon los mayores avances, donde las personas podían poseer medicamentos, antibióticos, agua potable, alimento suficiente, electricidad, sistemas sanitarios; entre otras cosas que lograron que la esperanza de vida se haya multiplicado. La pobreza que vemos hoy en día, son excepciones, en aquella época, previa a la Revolución, era la regla.
Adam Smith no estaba de acuerdo con los mercantilistas, por el contrario, creía que un aumento de los salarios aumentaría los incentivos y que “ninguna sociedad puede florecer y ser feliz de verdad si la mayor parte de sus miembros son pobres y miserables”. Gracias a grandes pensadores de la Ilustración (XVII Y XVIII), cuáles ideas se mantienen vigentes, se comenzó a liberar a las personas de los legados, del autoritarismo y la servidumbre.
A los únicos que no les sirve la libertad de un pueblo es a los gobernantes, para mantener su poder y tener a gran parte de la sociedad dependiente de ellos. La única forma y más efectiva para sacar personas de la pobreza es la libertad, el capitalismo. En Argentina somos “esclavos tributarios”, tenemos miles de regulaciones, es uno de los países donde más difícil es hacer negocios, entre otras cosas que dificultan lo que queramos hacer con nuestras vidas. Tenemos una presión impositiva creciente históricamente, a lo que hoy en día llega al 26,2% del PBI, la más alta en 60 años, para mantener a un estado gigantemente improductivo, el cual brinda prestaciones no malas, sino malísimas. Y junto con el crecimiento de la presión impositiva lo único que acompaña su crecimiento es un creciente estado y un nivel creciente de pobres. Argentina necesita capitalismo, necesita libertad.
Por Renzo Kobrinsky, estudiante de Licenciatura en Economía de la Universidad Nacional de Rosario, miembro de Grupo Joven Fundación Libertad.
