VALENTINA MORALES LLODRÁ
En el día de ayer, el INDEC informó que en el segundo semestre de 2018 el número de personas pobres en Argentina creció al 32%. Esto implica que los ingresos de 14,3 millones de personas en el país no alcanzan para cubrir sus servicios básicos.
En nuestro país hay dos fenómenos que explican fundamentalmente la situación actual. El primero son las altas tasas impositivas que, entre otras consecuencias, fomentan la crisis en el mercado laboral. El segundo consiste en la elevada y ‘aparentemente incontrolable’ inflación, principal culpable del deterioro de los ingresos. Este combo ha generado una fuerte recesión que impacta en mayor medida en los sectores más vulnerables.
Cuando el Estado recauda impuestos excesivos, inevitablemente se convierte en responsable de empeorar la situación económica. Esto ocurre porque con altas tasas fiscales impide el despliegue de la iniciativa privada, desincentivando la inversión. Además, los pobres nunca podrán dejar de ser pobres si el Estado les quita, mediante impuestos y cargas laborales, una gran porción del dinero que ganan. En Argentina, entre Nación, provincias y municipios, el sistema tributario cuenta con 163 impuestos. De esta manera, la presión fiscal confiscatoria se ha convertido, a través de los años, en una de las principales causas de que la pobreza se vaya extendiendo sin frenos en nuestra sociedad.
Por otro lado, la inflación en 2018 fue del 47,6%, siendo ésta la cifra más alta en los últimos 27 años. Esto provocó una importante caída en el poder adquisitivo (esto quiere decir que con la misma cantidad de dinero se adquieren menos bienes), afectando directamente a la contracción del consumo y la inversión. A su vez, el fenómeno inflacionario tiene otras consecuencias notables como son la distorsión de los precios relativos, que perjudica los patrones lógicos de la toma de decisiones, y el incremento de la incertidumbre y la desconfianza en la moneda.
Es fundamental que todos los ciudadanos tengamos la posibilidad real y efectiva de acumular el dinero ganado con nuestro esfuerzo, teniendo la garantía de que el Estado no nos quitará una gran parte del mismo y que la moneda con la que somos remunerados no se desvalorizará. Así, impuestos bajos y estabilidad monetaria pavimentarán el camino hacia la reducción de la pobreza y el crecimiento económico de nuestra sociedad.
Por Valentina Morales Llodrá, estudiante de Licenciatura en Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario, miembro y Coordinadora del Área Comunicación de Grupo Joven de la Fundación Libertad.
