ALAN GALIANO
Si hoy puedo estar aquí escribiendo esto y ustedes leyéndolo, es porque tenemos tiempo libre para descansar y realizar las actividades que nos resulten placenteras, como pueden ser leer, escribir, hacer deportes, estudiar, tener hobbies. ¿Se han preguntado por qué en la antigüedad solamente unos pocos podían realizar las actividades que más les gustaban? La respuesta es muy simple: no poseían tiempo de ocio, y sus vidas consistían en sobrevivir y tener que luchar todos los días por su comida, cosa que cada día pasa menos en todo el mundo.
Antes del siglo XIX, el 95% de la población mundial estaba sumida bajo la extrema pobreza, es decir, vivían con menos de un dólar por día. En los 90, luego de la caída del muro de Berlín, era el 35% de la población mundial, y hacia el 2015 ya se había reducido casi al 9%. Por lo que podemos observar, cada día sale más y más gente de la pobreza. De hecho, por si fuera poco, hoy en día más de la mitad de la población mundial es clase media o clase alta.
Ahora bien, ¿qué tienen que ver la pobreza, la antigüedad y el tiempo libre? En que, justamente, ya que cada día el mundo trabaja menos y gana más, podemos dedicar más tiempo a otras actividades. De esta manera, lo que empezaron siendo simples descubrimientos (y me refiero a cualquiera de ellos—como el fuego, la electricidad o la radiación—) llevaron a que podamos ahorrarnos tiempo en un trabajo y dedicarlo a otro; logrando entonces que terminemos creando, inventando y modernizando lo creado e inventado. Pensemos en que al hombre primitivo el fuego lo llevó a una mejor alimentación y a una mejor defensa, por lo que ya no debía preocuparse por las bestias salvajes y podía dedicarse a otras cosas, como por ejemplo el fundir materiales. Con la electricidad, por ejemplo, descubrimos los transistores que dieron paso a una revolución tecnológica en materia de telecomunicaciones. Y la radiación nos llevó a entender mejor el funcionamiento físico y químico del mundo y a que nuestra energía sea más eficiente.
Todo esto demuestra que, mientras más moderna tecnológicamente hablando sea la humanidad, entonces más rica económicamente será. Ahora bien, muchos de los avances solamente pueden ser dados en sociedades libres, ya que solo en ellas es en donde las personas poseen mayores incentivos para crear o pensar siquiera.¿Por qué alguno de nosotros querría esforzarse en algo si no va a obtener nada a cambio?
Tal vez una persona con ideas de izquierda pensará que es un mal razonamiento, que uno se debe esforzar porque es lo correcto ya que ayuda a mejorar la calidad de vida de la sociedad. Sin embargo, en las sociedades libres es exactamente así como funciona: quienes logran satisfacer las necesidades de los demás miembros de la sociedad son los que más alto llegan. A Jobs y a Gates no los hizo millonarios el Estado de turno, sino que los hizo millonarios el ser recompensados por la sociedad al haber creado algo que esta necesitaba, es decir, eran benefactores sociales. Y si pudieron dedicarse a pensar y diseñar fue porque tenían el tiempo suficiente para hacerlo, ya que antes de ellos existieron otras personas que se preocuparon por las cosas que ellos no debieron preocuparse.
Por Alan Galiano, estudiante de Contador público en la Facultad de Ciencias Económicas y estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario.