ALAN GALIANO
El gran problema aquí no reside en si existe una empresa como Uber o no, el problema está en la misma sociedad, que está fervientemente en contra de la innovación. Los taxistas, como cualquier ciudadano, defienden su trabajo ante nuevos competidores. Alegan que plataformas como Uber son inseguras, que no poseen las mismas licencias ni pagan los mismos impuestos que ellos. Obviamente, Uber se defiende diciendo que no es una empresa de transportes, sino que, con mucha razón, es una plataforma digital que conecta conductores con pasajeros. Tengamos un poco de imaginación: si yo le escribo a un amigo por una aplicación, como WhatsApp, que me pase a buscar en su auto y como buena persona le doy un dinero por tomarse la molestia de haberme llevado, ¿habría que prohibir WhatsApp también solamente porque mi amigo no tiene licencia para llevarme ni paga impuestos como los taxistas? Eso es justamente lo que Uber es: una plataforma que conecta gente que necesita viajar con gente que te puede llevar.
Claramente es un gran competidor ante los taxis ya que al no poseer las regulaciones ya mencionadas los costos son generalmente un 50% más bajos. Sin embargo, volviendo al principio, el problema lo tiene la sociedad. Los taxistas, reitero, juegan un buen papel en defensa de su trabajo y por ello, piden más regulaciones hacia Uber, pero realmente la solución la tienen ellos mismos: libertad. En vez de pedir que regulen a los demás, deberían pedir que bajen las regulaciones que a ellos se les imponen. Por ejemplo, los chóferes de taxi dicen que Uber es competencia desleal, cuando en realidad es sólo competencia. Lo que sucede es que ellos perdieron antes de siquiera competir por haber estado y estar actualmente ligados al Gobierno y a ciertas mafias. Si se debe luchar por algo es porque ellos puedan ser más competitivos y no menos hacer competitivos a los demás.
Algo similar pasa con la Aerolínea Flybondi. No puede ser que las demás aerolíneas pidan más regulaciones a Flybondi y no menos regulaciones para ellas mismas. Pese a ello, podrán decir que, al ser mucho más barato, es mucho más inseguro. El problema es que el consumidor debe elegir cómo quiere viajar: ¿Cuál sería el problema si alguien quiere pagar menos con la consecuencia de estar un poco más inseguro? Pensémoslo de otra forma, ¿qué vemos más? ¿Gente utilizando autos Renault Clío o gente utilizando autos Volvo XC60? Si salimos a la calle claramente vamos a ver más Clios. ¿Por qué? Porque es mucho más barato. Sin embargo, es uno de los autos más inseguros que circulan por Latinoamérica y, asimismo, nadie sale a reclamar que todos andemos en los XC60, uno de los autos más seguros del mundo. ¿Por qué? ¡Porque es para lo que nos alcanza! Cedemos seguridad por un precio más bajo.
Entonces, nuevamente, dejemos de pedir que regulen más a los demás y pidamos menos regulaciones para nosotros mismos. Lo que realmente importa es la competencia y, al final del día, son los consumidores los que eligen si quieren gastar más o menos dinero, o quieren viajar más o menos seguros. Dejemos trabajar a la gente que quiere trabajar, y dejemos a las personas innovar y tomar sus propias decisiones. Y si no les gusta la competencia, también dejemos de utilizar correo electrónico ya que daña el trabajo de los carteros, dejemos de utilizar luz eléctrica ya que daña el trabajo de los veleros y dejemos de utilizar Netflix ya que dañamos el trabajo de los videoclubes.
Por Alan Galiano, estudiante de Contador público en la Facultad de Ciencias Económicas y estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario.