Gonzalo Furia.
¿Pone a prueba a sus inversores para saber hasta dónde lo acompañaran o la presión lo ha convertido en un incompetente?
En un momento de pensamiento del fin de semana la comparación llegó a mi cabeza. Para traer y también desmentir la creencia de que tener poder y un capital tremendo te hace un magnate poderoso cual Mr. Monopoly. Quiero traer a Elon Musk. Él tiene títulos en Administración y Física de la Universidad de Pennsylvania, fundador de: PayPal, SpaceX, Tesla Motors y Solar City. Calificado como la 21º persona más poderosa y la 56º más rica del mundo. Aún así, el pasado fin de semana durante una entrevista en un podcast sobre su trabajo y compañías encendió un cigarrillo de marihuana y tomó whisky, algo que no le sentó para nada bien a sus inversores. Como Musk en los últimos dos años no viene trayendo buenos resultados y atenta contra su riqueza con actos destructivos a su imagen, sus acciones caen en picada. Por más que intente “los disparos le salen por la culata”.
Aquí la comparación con nuestro poco informado en materia económica Jefe de Gabinete con el Tony Stark de Silicon Valley. Supongamos que SpaceX es Argentina (algo probable porque Apple y Amazon valen el doble que nuestro país) donde nuestros pesos son las acciones, donde nuestra riqueza y fruto de trabajo están puestas en juego.
Cuando vemos que las cosas no van bien, porque viendo que quien está a cargo hace cosas como las ya mencionadas, las incertidumbres del futuro de nuestra propiedad empiezan a crecer. Queremos resguardar el valor de nuestra propiedad por sobre todas las cosas, no es algo de extrañar correr hacia el mejor postor y lo más rápido posible, la idea es alejar el riesgo en la mayoría y es por eso, ese real miedo, que corremos a alguna mejor empresa. En Argentina lo vemos explícitamente con la devaluación.
El Sr. Musk realmente es muy hábil y se ve un gran potencial en sus ideas pero al no poner sus actitudes e imagen al nivel que un CEO necesita, pasan estas cosas. Como resultado, él va a alejar a inversores de gran tamaño y capacidad de soporte; y atraer a algunos que se adecúen a sus extravagancias y que probablemente no sean lo suficientemente capaces de hacer grandes aportes, lo que traerá a futuro una gran baja en la cotización y posible quiebra al no hacer lo que es debido.
La gran incógnita sigue en pie: ¿pone a prueba a sus inversores para saber hasta dónde lo acompañarán o la presión lo ha convertido en un incompetente? Si bien los proyectos que lleva a cabo necesitan dar pasos agigantados en innovación tecnológica para llevarse adelante, creo que no es la manera de medir la lealtad de sus inversores. Los avances a paso de tortuga en casi todos los proyectos y el no retorno, sumado a las 17 horas diarias que trabaja podrían ser causales de una crisis autodestructiva.
Por Gonzalo Furia, estudiante de Contador Público en la Universidad Católica Argentina, miembro del Grupo Joven de la Fundación Libertad.