Grupo Joven Fundación Libertad

ARGENTINA, ¿UN CASO PARTICULAR? Breve análisis político-económico.

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VALENTINA MORALES LLODRÁ

Durante los últimos días se percibió una leve mejora acompañada de un relativo optimismo en lo que concierne al mercado financiero; subieron las acciones, cedió el dólar y la mejora de los bonos se tradujo en una caída del riesgo país. Es decir, lo que podría considerarse una semana de estabilización financiera. Sin embargo, no debemos perder de vista el panorama completo; falta aún mucho recorrido para empezar a hablar de un país en recuperación.

Simon Kuznets, quien fuera el ganador del Premio Nobel de Economía en 1971, dijo una vez que “existen cuatro clases de países en el mundo: desarrollados, subdesarrollados, Japón y Argentina”. Tengo el orgullo para algunas cuestiones, y la desgracia para otras, de vivir en este último, el cual en repetidas ocasiones parece destacar como un caso particular.

La corrupción como madre de nuestros problemas.

En las últimas décadas, la política se ha visto completamente degenerada por la corrupción, a tal punto que algunos hechos resuenan a escala mundial como grandes escándalos.

Transparencia Internacional, una organización no gubernamental fundada en 1993 que promueve medidas contra crímenes corporativos y corrupción política en el ámbito internacional, ha definido en términos generales a la corrupción como el abuso del poder encomendado para beneficio privado, que finalmente perjudica a todos y que depende de la integridad de las personas en una posición de autoridad. Si bien existen distintos tipos de corrupción, en esta ocasión hago especial hincapié en aquellos actos cometidos en un alto nivel de gobierno, por quienes abusan de su posición, con el fin de mantener (e incrementar) su poder, estatus y riqueza. Me refiero, así, a los mal llamados ‘líderes’ que, a través de la distorsión de políticas y del funcionamiento central del Estado, se benefician a expensas del bien público.

El fenómeno de la corrupción es un gran obstáculo para el crecimiento económico, la democracia y el Estado de Derecho, ya que produce que pierda credibilidad y legitimidad el sistema político y su liderazgo. La manipulación de las instituciones y de los procedimientos de asignación de recursos y financiamiento siempre acarreará efectos negativos para la sociedad. La experiencia muestra que, en el peor de los casos, ha costado vidas; pero a falta de esto, costó (y aún cuesta) a las personas su libertad, salud o dinero.

Honestidad y optimismo… no son suficientes. ¡Es la economía!

Si bien es cierto que la corrupción es un factor que no puede ser pasado por alto al evaluar la situación actual en la que se encuentra Argentina, aún si éste no fuese el caso, aún si nos ubicáramos entre los países menos corruptos del mundo, no podemos garantizar que nos encontraríamos en una situación de tranquilidad y estabilidad en lo que concierne al campo de la economía. De hecho, aunque sea imposible de comprobar y resulte un contrafáctico afirmarlo, creo que existen determinados indicios que permiten sostener que, sin lugar a dudas, no sería ese nuestro caso.

En primer lugar, el sector público está sobredimensionado, pero, a su vez, esta situación se ve agravada por el hecho de que parte del gasto se pierde en la ineficiencia de estas estructuras (además de la corrupción rampante). En lo que concierne a la política fiscal, estimo que es indispensable se tomen medidas para reducir el gasto público, el cual en los últimos años ha alcanzado niveles récords en la historia del país. Debido a esto, los ciudadanos no sólo han visto reducidos sus ingresos (a causa de la alta carga impositiva necesaria para su financiamiento), sino que han obtenido a cambio la prestación de servicios de mala calidad en materias de educación, salud, y seguridad, entre otros, predominando además una gran intervención del Estado en procesos que deberían dejarse librados al mercado. La situación del “rojo” fiscal proviene de años de desmanejos y despilfarros llevados a cabo por un Estado que no se acostumbró a cuidar de sus recursos.

No obstante, como tampoco con la asfixiante carga tributaria alcanza para financiar el gasto exorbitante, Argentina ha recurrido también al endeudamiento. Es así que la deuda pública es otro de los fantasmas que atormenta al país desde hace décadas, llevando a una situación de recurrentes bombas por desactivar. Se le podría dedicar al tema un extenso apartado, pero esto excedería los fines del presente artículo.

Con respecto a la política monetaria, la inconsistencia y los cambios permanentes en la gestión de la misma, y las señales confusas en la conducción del Banco Central han llevado a una pérdida de la confianza en la moneda y en las instituciones. En esta línea, el histórico empecinamiento en financiar gasto público a través de emisión monetaria (porque con los asfixiantes impuestos y la deuda pública parece que tampoco alcanza!), ha desencadenado un aumento sostenido y generalizado de los precios, fenómeno conocido como inflación, que no sólo genera distorsión de precios relativos, sino que también desalienta la inversión, afectando así al crecimiento económico.

¿Kuznets tenía razón?

Retomando el campo de la política, uno de los factores que, a mi criterio, retroalimenta un sistema corrupto es el hecho aberrante de que la información respecto de la conformación y manejo de los fondos públicos no se encuentre fácil y libremente disponible para todos los ciudadanos. Resulta indispensable saber por qué, cómo, en qué y cuánto gasta el Estado. Tal como establece Transparencia Internacional, el único modo de garantizar que los funcionarios públicos actúen de forma correcta, es a través de un sistema visible y comprensible en donde informen sobre sus actividades. Asimismo, esto implicaría que el público en general pueda exigirles que rindan cuentas. Según la anteriormente mencionada ONG, esta es la manera fundamental de proceder a la hora de protegerse contra la corrupción y, asimismo, ayuda a aumentar la confianza en las instituciones de las que depende nuestro futuro.

Con respecto a la economía, es necesario, por un lado, modernizar el Estado, volverlo eficiente y reducir su peso en la economía, y por el otro, disminuir el gasto público y gastar mejor. En conjunto con el crecimiento económico, se debería poder crear el espacio fiscal para aminorar la presión tributaria y flexibilizar a las industrias que se encuentran desmesuradamente reguladas. Actualmente, este es un desafío muy importante para el país.

Hace más de 50 años, Kuznets opinaba al respecto que “existen cuatro clases de países en el mundo: desarrollados, subdesarrollados, Japón y Argentina”. En cuestiones de índole política y económica, diariamente nos encontramos con que la realidad supera ampliamente a la ficción. ¿Será cierto? ¿Es Argentina ese caso particular? Me pregunto… ¿podremos revertir la historia y algún día encontrarnos englobados dentro de su primera clasificación?

Por Valentina Morales Llodrá, estudiante de Licenciatura en Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario, miembro y Secretaria de Comunicación del Grupo Joven de la Fundación Libertad.

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