FRANCO DIGNANI Y DAVID GUZZI
Al iniciar esta pequeña empresa, a saber, la de indagar paulatinamente en las características y nociones principales del fenómeno criptomoneda, de especial popularidad a nivel mundial, y luego de realizar dos pequeñas introducciones, el objetivo inicial empieza a materializarse recién en esta tercera entrega. En este sentido, y luego de definir previamente qué entendíamos tanto por dinero como por criptomonedas, a nivel general pero en sentido estricto, debemos pasar a la controversia principal y preguntarnos: ¿las criptomonedas podrán ser consideradas en algún momento dinero en sentido estricto? ¿Qué condiciones deberán cumplirse? Pasaremos, entonces, a resolver estos interrogantes.
En primera instancia, efectuemos una recapitulación de los artículos anteriores. En el primer artículo (hipervínculo) se buscó realizar una versión simplificada pero sumaria de la historia del dinero, entendiendo a éste como todo medio de intercambio generalmente aceptado. El devenir histórico nos enseñó que no siempre fue el papel moneda nuestro medio de intercambio por antonomasia como es hoy en día, sino que sufrió un paulatino proceso de transformación: desde el dinero mercancía (pasando por la sal, colmillos de elefante, tabaco, perlas de vidrio, granos de cacao, entre muchos otros bienes pero concluyendo con la llegada de los metales preciosos como la plata y el oro) hasta la ulterior entrada en escena del papel moneda, cuyo curso forzoso era y sigue siendo una pieza clave del intervencionismo estatal.
Sin embargo, antes de terminar con el repaso del primer artículo, debemos entender qué significa realmente que el dinero sea generalmente aceptado por todos. Esto es así y se entiende así ya que el dinero como institución social es un patrón repetitivo de conducta interpersonal, un modo de interacción pautado que sirve como referencia estable compartida y que permite la coordinación social, es decir, los individuos usan dinero porque saben que los demás también lo hacen. La principal utilidad y fuente de valor de dinero es un intangible cognitivo colectivo: el hecho de que esté de la misma forma en las mentes de todos los miembros de una comunidad (como el lenguaje y el auténtico Derecho). Ésta es la principal fuerza rectora para que un bien, un simple objeto o una tecnología se conviertan en dinero.
En la segunda entrega (hipervínculo), nos ocupamos de examinar una de las últimas revoluciones tecnológicas que promete un gran impacto para con la historia del hombre. De este modo, realizando una breve descripción de los principales elementos que caracterizan a la criptomoneda de mayor relieve actual, al Bitcoin, hemos podido indagar y conocer las características que a nivel general definen a las criptomonedas, las cuales las definimos sintéticamente como monedas virtuales que utilizan un cifrado digital para sus operaciones, y con las que se pueden realizar transacciones económicas sin necesidad de intermediarios. Sin embargo, es bueno aclarar que llegar a un concepto “definitivo” de criptomoneda es todavía una tarea inconclusa, y ello debido a la gran cantidad de aristas que presenta esta nueva tecnología y de la cual aún no está del todo depurada por los analistas.
Por otro lado, otra de la características que se resaltó en el mencionado segundo artículo fueron las enormes capacidades empresariales de hombres que no conocemos pero de cuyas capacidades de innovación estamos agradecidos ya que nos permitieron conocer y utilizar estas tecnologías que ya constituyen una verdadera revolución. Fue justamente la función empresarial de un conjunto de hombres, a través de un largo proceso que, a estas alturas, podemos vincularlos a estos con el mismísimo término de género humano, el cual revolucionó un sector como lo es el monetario que hasta entonces se encontraba estancado y caduco.
Ya entrando en este tercer análisis en cuestión se dirá que gran parte de las controversias que ha generado este debate, asumiendo ciertos riesgos, es porque ya desde sus inicios se ha encontrado mal enfocado. Que si las cotizaciones de Bitcoin son correctas, que si el Bitcoin representa una burbuja y por consiguiente un medio altamente desestabilizador para las economías desarrollas y demás argumentos que se esgrimen cotidianamente (mismos argumentos aplicables tanto a Ripple, Ethereum, como a cualquier otra criptomoneda), deben quedar completamente desacreditados a la hora de entender el verdadero papel que vinieron a cumplir estas tecnologías en el escenario mundial. Bitcoin, como cualquier otra criptomoneda, no es simplemente un activo financiero sino que, lo que es más relevante, es un activo financiero que aspira a convertirse en dinero[1]. Aunque parecería un simple detalle, el observar a estas tecnologías de esta manera, convierte al usual criterio de maximizar activos financieros, buscando oportunidades de ganancia en el futuro (determinando a su vez si hay desajustes y/o posibles burbujas) en un análisis inadecuado y que no debiera aplicarse a las criptomonedas por no comprender su verdadera naturaleza.
Sin embargo, y dado lo anterior, deberíamos preguntarnos: ¿las criptomonedas (y el Bitcoin, en particular) están cumpliendo con las características para ser considerados dinero? Hoy claramente las criptomonedas no son dinero, y esto por dos grandes razones. En primer lugar, debemos decir que el dinero además de las características que mencionamos en el primer artículo y que deben cumplir, a saber, divisibles, homogéneos, escasos relativamente, con bajo costo para ser trasladados, de difícil falsificación, entre otros, a su vez deben cumplir con tres grandes funciones: ser tanto medio de intercambio (para pagar por bienes y servicios y saldar deudas), depósito de valor (atesorar sin intercambiar, sin ganar ni perder valor) como de unidad de cuenta (referencia de precios y contabilidad financiera con registros, apuntes o asientos contables de tenencia o movimientos de dinero y bienes valorados en dinero: ingresos y gastos, resultados, activos y pasivos, patrimonio neto, beneficios o pérdidas). En este sentido, debemos decir que las criptomonedas adolecen en los tres aspectos funcionales, sin embargo, se caracterizan por ser extremadamente volátiles en lo que a cotizaciones en el mercado se refiere, por lo que, como correlato, su función de unidad de cuenta se ve deteriorada y su utilización por parte del público como medio de intercambio disminuye.
En segundo lugar, otro principal obstáculo a la hora de calificar a las criptomonedas como dinero viene dado por no poder cumplir con el concepto de generalmente aceptados. Hoy en día las criptomonedas no están arraigadas aún en la mente de las personas, no logran ser un patrón repetitivo de conducta interpersonal, un modo de interacción pautado que sirva como referencia estable compartida y que permita la coordinación social. Las criptomonedas no culminan todavía en una institución monetaria con la cual realizar transacciones cotidianamente.
No obstante dado lo anterior, empieza a cambiar paulatinamente el escenario para las criptomonedas. Dentro de los argumentos a favor que podemos mencionar para un futuro con criptomonedas como verdadero dinero podemos mencionar los siguientes:
– La creciente utilización de criptomonedas, sobre todo de Bitcoin, para cerrar grandes operaciones y librarse de la presencia de intermediarios que aumentarían notablemente costos de transacción. Ejemplos claros los constituyen las operaciones inmobiliarias, de creciente ascenso en lo que a utilización de bitcoins se refiere.
– Los negocios monetarios y financieros tradicionales generan menores beneficios presentes y menores perspectivas de rentabilidad futura en comparación con los negocios ligados a estas nuevas tecnologías, lo que indicaría un cambio de paradigma sustancial. Ejemplo claro de esto último lo constituye el hecho de que Deutsche Bank, el mayor banco de Alemania y una de las principales instituciones financieras de Europa, reportó beneficios por 146 millones de dólares en el primer trimestre de 2018, en cambio, Binance, el exchange de critpomonedas más grande del mundo, obtuvo 200 millones de dólares. Este acontecimiento se vuelve más notorio si consideramos que esta start-up de apenas 200 empleados fue más rentable que un gigante financiero (con 148 años de historia) que cuenta con un equipo de 100.000 personas.
– La utilización creciente del sistema blockchain (que sustenta gran parte del sistema de las criptomonedas) para la realización de operaciones financieras corrientes de un modo más eficiente. De este modo, una de los pilares de estas nuevas tecnologías gana cada vez más terreno lo cual constituiría un incentivo a que cada vez más las personas se acerquen y conozcan de cerca el fenómeno criptomoneda. Ejemplo de esta utilización de blockchain lo podemos ver en bancos como BBVA que realizan grandes préstamos utilizando estas tecnologías, es decir, los términos contractuales del préstamo y las firmas de las partes fueron registradas en un libro contable privado de Hyperledger y la blockchain pública de Ethereum. Caminos similares fueron trazados por J. P. Morgan Chase, China Construction Bank, Bank of America, entre otros. A su vez, dicha tendencia no es privativa del ámbito bancario, sino que también bancas de inversiones, aseguradoras y empresas como Berkshire Hathaway y Apple, por nombrar las más relevantes.
Pero, por otro lado, hay grandes retos y obstáculos que se le presentan a las criptomonedas para ser consideradas en un futuro como dinero (además de los dos obstáculos generales presentados previamente):
– Actualmente, estas nuevas tecnologías no son soporte suficiente para el ritmo de transacciones de la vida económica cotidiana. En este sentido, la capacidad actual no alcanza para soportar transacciones de gran escala como las de los mercados de capitales, las de Visa o aquellas relacionadas con el Internet de las Cosas (IoT). Bitcoin está procesando un poco menos de tres transacciones por segundo y si se acerca a cuatro, ya está en su capacidad máxima. Ethereum realiza cinco por segundo y si está por encima de seis, también está en la capacidad máxima. Por otro lado, Uber en promedio hace 12 viajes por segundo, PayPal varios cientos de transacciones, Visa varios miles, las grandes bolsas del mundo docenas de miles y en IoT estás hablando de cientos de miles de transacciones por segundo. Estos ejemplos demuestran claramente las limitaciones de las criptomonedas para ser consideradas como medio de intercambio masivo. Sin embargo, avances en este sentido lo está realizando Ethereum que, según uno de sus desarrolladores, Vitalik Buterin, la nueva blockchain de Ethereum va a poder procesar, eventualmente, 1 millón de transacciones por segundo y potencialmente más de 100 millones en el mismo lapso.
– Una de las principales y más serias amenazas a futuro para las criptomonedas la representa el intervencionismo estatal. En una forma escueta podemos decir que la larga historia de la moneda nos dice que lo que el sector privado innova, el Estado luego finalmente lo regula y se lo apropia; es decir, es difícil ver qué impediría a los bancos centrales crear sus propias criptomonedas y usar la regulación estatal para luego inclinar el campo de juego hasta que ganen. Ejemplo claro de intervención lo demuestra el hecho de que actualmente al menos diez países prohíban la utilización de este tipo de tecnologías en los intercambios cotidianos, entre los que sobresalen Bangladesh, Namibia y Bolivia. Sin embargo, en el extremo opuesto podemos ver a Japón donde las criptomonedas ya son consideradas como de “curso legal” (no libre de controles y verificaciones de sus operaciones), en un intento de aumentar su propio estatus de “polo tecnológico”.
– Una amenaza actual, pero que no implica que permanezca en el futuro, es el enorme desconocimiento que se tiene sobre estas tecnologías. Claramente, comprenderlas en su totalidad requiere conocimientos especializados. En este sentido, hasta que las criptomonedas y todas las tecnologías que la respaldan no se popularicen y sean utilizadas por un público cada vez más numeroso y heterogéneo, ese prerrequisito de generalmente aceptados (y arraigados en la mente de las personas), las criptomonedas no podrán ser consideradas como nuestro (futuro) dinero.
Las anteriores listas no pretenden ser exhaustivas ni mucho menos. Existen varios argumentos más, mucho más técnicos y que requieren formación en Teoría Económica, de la cual no nos valemos y que escapan a los fines para un público amplio. Sin embargo, y teniendo en cuenta que todo intento de predecir el futuro resulta imposible dada la característica de la naturaleza humana y de la inerradicable incertidumbre que tenemos para con los hechos futuros, existen tantos puntos a favor como en contra para ver el surgimiento del Bitcoin y demás criptomonedas como categoría superior de dinero. Se espera que las anteriores líneas no sólo mantengan las esperanzas intactas de todos los que respaldan a las criptomonedas, sino que también sean un llamado de atención para conocer sus limitaciones. Escapar de las garras del monopolista da la impresión es el deseo de cualquier persona, pero debemos tener en claro que el sistema que lo reemplace debe ser factible y sobre todo superior al anterior.
[1] Esta forma de mirar la controversia es propia de Juan Ramón Rallo. Explícitamente nos dice: «Sucede que el debate está muy mal enfocado. Bitcoin no es un activo financiero cuya rentabilidad haya que maximizar. Bitcoin, en cambio, es un activo que aspira a convertirse en dinero, esto es, en un bien económico con un valor muy estable que diversos agentes económicos deciden incorporar en sus saldos de tesorería como reserva última de su liquidez». Véase https://www.juandemariana.org/ijm-actualidad/articulos-en-prensa/en-defensa-de-bitcoin
Por Franco Dignani y David Guzzi, estudiantes de Licenciatura en Economía en la Facultad de Ciencias Económicas y estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario y miembros del Grupo Joven de la Fundación Libertad.
