ALAN GALIANO
Actualmente vivimos en un país donde la Justicia, una institución tan esencial, fracasó hace tiempo. Por lo que, muchas veces, sólo funciona en casos que se vuelven mediáticos, y aún hasta en esos casos no suele ser para nada justa. Hace unos años, a causa del cansancio y la desesperación de las personas, eran muy frecuentes los casos de linchamiento a ladrones, por ejemplo. Una práctica de una sociedad sin respuesta de parte de los funcionarios del Estado, ante una problemática tan importante como lo es la inseguridad.
Y es que las personas que resuelven hacer el mal, aquellas que optan por acciones que atentan contra los derechos y libertades individuales, no tienen ninguna clase de problema a la hora de hacerse con armas de fuego para llevar a cabo sus intenciones. Es evidente que existe un mercado negro que se las proporciona. Siendo éste obviamente clandestino, es decir, que no es visible por las autoridades, lo que genera que todo intento de querer destruirlo o regularlo se tornará demasiado difícil o hasta imposible. Dejando así a muchos ciudadanos que nunca comprarían un arma de forma ilegal, indefensos ante estos criminales.
Haciendo una analogía, es como lo que sucede con los abortos clandestinos. Todos sabemos que existen ya que muchas mujeres mueren por ellos, sin embargo, al ser clandestinos se desconoce dónde funcionan las clínicas que los ejercen y no es posible regularlas o prohibirlas. Dejando, de esta manera, a muchas mujeres sin la posibilidad de acceder a un “mejor servicio”.
Es por ello que es necesario modificar el marco legal actual de manera que le permita a todas aquellas personas que sólo desean protegerse a sí mismos o a su familia, que puedan acceder y portar, de una forma más simple, armas de fuego. Ya que, de esta manera, esas personas sobre quienes recae la violencia de los malhechores podrán tener una herramienta más para poder protegerse. Y ya no estarán más a merced de ellos.
Sin embargo, uno podría pensar que quien posee el monopolio de la fuerza (el Estado, a través de las fuerzas de seguridad) es el único que debería tener el poder de portar armas de fuego, y es entendible, pero no en una sociedad como la nuestra. Esto se debe a que, como dijimos antes, la Justicia no está funcionando actualmente de una manera correcta, y si le sumamos que las fuerzas de seguridad suelen estar corruptas, ser negligentes, o simplemente, es imposible que procedan a tiempo, dejamos a las personas totalmente solas ante la inseguridad.
Pongamos un ejemplo para entender cómo sucede esto: imaginemos que estamos llegando a nuestro hogar, intentamos entrar el auto en el garaje, y de repente aparecen unas personas que nos quieren hacer una “entradera”. Ellos, en la mayoría de los casos, portan armas de fuego, y nosotros, paralizados por la sorpresa ni siquiera podemos reaccionar, así que nos reducen y en el mejor de los casos sólo nos roban. Algunas veces, las mismas fuerzas de seguridad son las que filtran datos y están involucradas en el robo. Cuando no es así, es prácticamente imposible darles aviso de que nos están asaltando, ya que sucede todo muy rápido y no tenemos tiempo o simplemente no podemos en el momento. Y si les damos aviso, suelen llegar tarde y es inútil. Por otra parte, rara vez pasa que la víctima posee un arma de fuego y se logra defender ante lo que podría haber sido el final de su existencia. Sin embargo, aunque haya una legítima defensa, la Justicia no suele funcionar correctamente y esa persona termina presa de todas maneras.
Por eso, es importante considerar el hecho de que tengamos la libertad de poseer y portar armas de fuego, como un derecho individual muy importante por el que debemos pedir. Por lo menos hasta que se solucionen los problemas más estructurales como son la injusta Justicia que tenemos y las falencias que presentan las fuerzas de seguridad.
Por Alan Galiano, estudiante de Contador público en la Facultad de Ciencias Económicas y estadísticas de la Universidad Nacional de Rosario.

La apología del aborto es incorrecta.
Primero: decir que mueren «muchas» mujeres es falso. Si bien es una apreciación subjetiva, para una persona que mueran 3 mujeres al año es suficiente para decir que mueren muchas y para otra ese número tendría que ser mayor a 10 mil. Por eso hay que comparar la cifra de muerte por aborto, que es menor a 50 por año, con otras como el cáncer de mama, de más de 5 mil, accidentes de tránsito, más de 900, suicidios, más de 550, hiv, más de 500 y así con muchas otras causas. De esta manera vemos que el número es muy chico, y si alguien dice que mueren «muchas», como en esta publicación, no hace más que mostrar su posición ideológica.
Segundo: comparar el aborto con la portación de arma no tiene sentido. El aborto es el acto por en el que se mata a un ser humano en gestación (algo malo, más allá de que a alguien no le produzca nada), y la portación de arma es simplemente el tener una pistola para defensa propia o deporte. El aborto legal es supuestamente para que las mujeres que abortan en la clandestinidad lo hagan de manera segura, y el de la portación de armas es tener el derecho de poseer una pistola para poder defenderse de quien la tiene ilegalmente, ni siquiera combatir el negocio clandestino, cosas muy distintas.
Tercero: la razón por la que no se regulan o se prohíben las clínicas clandestinas es porque a la justicia no le importa, no porque no sea posible o están muy escondidas, hay varias páginas de internet que te recomiendan los lugares más seguros para poder hacerlo, mismo «influencers» las recomendaban en sus Instagrams.