MARINA ARCURI
El pasado viernes 6 de Abril, a las 18:00 horas (Argentina), aproximadamente, y con las cámaras del mundo transmitiendo en vivo, el ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se entregó a la justicia, después de unas 48 horas llenas de nerviosismo, especulación e incertidumbre.
Tenemos frente a nuestros ojos una de las decisiones judiciales más importantes de estas últimas décadas, teniendo en cuenta la realidad política en la que se encuentra sumergida gran parte de Sudamérica. Países como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y Brasil (y Argentina también, hasta no hace mucho) sufren las consecuencias de gobiernos populistas al mando de líderes que se creen omnipotentes, y nos tratan de convencer de que sólo ellos saben que necesitamos nosotros, el pueblo. Estos mismos líderes todopoderosos son los que cada vez se ven envueltos más y más en escándalos de corrupción. Pero esta vez vamos a poner el ojo sobre el caso Lula.
En septiembre de 2016, fue acusado de aceptar sobornos de la empresa OAS a través de la reforma de un triplex (es decir, un departamento de 3 pisos) en la ciudad balnearia de Guarujá, en el estado de Sao Paulo, por el monto de US$1,1 millones. Fue condenado a 9 años y medio de prisión en julio de 2017, y en enero de 2018, el Tribunal eleva la condena a 12 años y un mes de prisión por los delitos de Corrupción pasiva y Lavado de dinero. Como era de esperarse la defensa aun sostiene su inocencia, como lo hizo desde un primer momento el ex presidente, diciendo allá por el 2016: “Prueben que soy corrupto e iré caminando a la cárcel”, me pregunto entonces: ¿fue por esto que decidió salir a pie del sindicato metalúrgico de Sao Bernado do Campo? Lo dejo a su criterio, como supo decir una filósofa contemporánea Argentina.
Por supuesto que casi inmediatamente a su detención, varios líderes (¿los más cuestionables quizás?) de la región salieron a respaldarlo, como Rafael Correa, ex presidente de Ecuador, quien twitteo: “Lula da Silva es un preso político (…) La venganza de las burguesías nos está retrocediendo décadas. Sus partidos más poderosos: el mediático y el judicial”¹, Evo Morales también utilizó su cuenta de Twitter para dar su opinión, diciendo que la “cárcel sin juicio justo y sin pruebas, es delito”², fijando así su postura sobre un largo proceso judicial que llevo a una sentencia, que ya fue ratificada. En tonos similares también se refirieron al tema el presidente venezolano Nicolás Maduro, la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, e incluso el gobierno de Raúl Castro hizo lo propio.
Y fue después de leer estas reacciones que me pareció interesante resaltar un concepto que últimamente escuchamos tanto: “preso político”. Este término que rápidamente uno asocia a mártires que por pensar distinto y expresarlo pacíficamente, fueron injustamente encarcelados, por gobiernos o regímenes autoritarios, entre ellos casos como el de Nelson Mandela, Mahatma Gandhi o Martin Luther King, hombres que lucharon por causas que creían justas, humanistas, verdaderos ejemplos de lo que un preso político es. Hoy en día es tan común escuchar ese concepto, que posee una carga tan significativa, relacionado con personajes como Lula Da Silva, un hombre que fue juzgado por hechos concretos y con evidencia suficiente, se lo halló culpable, entonces me pregunto: ¿hasta dónde llega la influencia de ciertas ideologías o fanatismos, que son capaces de cegar a tantas personas por completo, al punto de defender a un hombre que fue hallado culpable por la justicia y llamarlo preso político? ¿Y hasta dónde nos llevó la falta de justicia, en tantos otros casos, que frente a la sede de la superintendencia de la policía federal, se podía observar a personas festejando con fuegos artificiales y champagne?
Estos son algunos de los pensamientos que invaden hoy mi mente, sólo algunas reflexiones sobre la sociedad actual.
¹ https://twitter.com/MashiRafael/status/982999485369540608
² https://twitter.com/evoespueblo/status/982941524634820608
Por Marina Arcuri, estudiante de Arquitectura en la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario, miembro y Secretaria de Proyectos del Grupo Joven de la Fundación Libertad.
