126 AÑOS DESPUÉS… ¿PREVALECE LA BARBARIE?

MELISA TRAMANONI

Domingo Faustino Sarmiento es, sin lugar a dudas, unos de los personajes más polémicos de la historia argentina. Se pueden decir muchas cosas sobre él.

Sarmiento fue  un literato, un político enérgico, un apasionado. Pero más que nada,  un maestro. Y realizó su contribución más importante en uno de los momentos más difíciles para el país- con las hostilidades internas provenientes de la culminación del proceso constituyente y la posterior Guerra contra el Paraguay.

El sanjuanino siempre fue un educador y con justicia, hoy se celebra su aniversario, para festejar a todos los maestros, que aprenden y enseñan con pasión. Sus escritos en materia política y educacional mantienen hoy la misma coherencia que cuando los escribió, allá por fines del siglo XIX.

 

Breve reseña histórica

Sarmiento nació el 15 de febrero de 1811 en la ciudad de San Juan. Sus primeros maestros fueron su padre y su tío, quienes comenzaron a enseñarle lectura a los cuatro años. En 1816, ingresó a una de las llamadas «Escuelas de la Patria», fundadas por los gobiernos de la Revolución, donde tuvo como educadores a los hermanos Ignacio y José Rodríguez, maestros profesionales.

Muy pronto se destacó por sus ideas unitarias y se convirtió en legislador provincial, poniéndolo bajo la mira de Rosas. Cuando en 1831 la Liga Unitaria fue derrotada en la guerra civil entre unitarios y federales, Sarmiento tuvo que emigrar a Chile.

Para 1839, Sarmiento fundó en San Juan el primer Colegio para Niñas y el diario El Zonda. En 1862, promovía la educación como gobernador de su provincia natal con  la ley de enseñanza primaria pública y obligatoria.

Como presidente, entre los años 1868 y 1874, Sarmiento siguiò impulsando aquello por lo que había luchado toda su vida, la educación y la cultura de su pueblo.  Una de sus primeras medidas fue organizar el primer censo nacional, en 1869; el mismo arrojó el resultado de 1.836.490 habitantes con  el 71% de analfabetos. En los años siguientes, generó la creación de miles de escuelas públicas (haciendo que la población escolar se elevara de 30.000 a 100.000 alumnos).

Su arduo trabajo consagró a la Argentina como uno de los primeros países en el mundo en quebrar el analfabetismo. Creó unas 800 escuelas en todo el país, así como también la Academia de Ciencias, la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas, la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP), la Biblioteca y el Observatorio de Córdoba, la Escuela Naval y el Colegio Militar. Fomentó además el desarrollo del comercio, la agricultura y los transportes. Asimismo, alentó la inmigración, encargó la reforma del puerto, contribuyó al desarrollo de las telecomunicaciones y contrató a hombres de ciencia extranjeros.
En 1875, Sarmiento asumió como Director General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires. Si bien estaba obsesionado por la educación primaria, limitó a ese nivel de enseñanza la conveniencia de la educación popular: “La educación más arriba de la instrucción primaria la desprecio como medio de civilización. Es la educación primaria la que civiliza y desenvuelve la moral de los pueblos. Todos los pueblos han tenido siempre doctores y sabios, sin ser civilizados por eso”.

Durante la presidencia de Roca ejerció el cargo de Superintendente General de Escuelas del Consejo Nacional de Educación y logró la sanción de la Ley 1420, que establecía la enseñanza primaria, gratuita, obligatoria, gradual y laica.

 

“Hagan de la Argentina una gran escuela”…¿es posible hoy?

El espíritu iluminista y romántico de Sarmiento se ve claramete reflejado en su accionar. Tanto durante su gobernaciòn como durante su presidencia, Sarmiento promovió sus ideas liberales, que se centraron en los principios democráticos, las libertades civiles y la oposición a los regímenes dictatoriales.

La presidencia de Sarmiento fue la segunda de las presidencias históricas de Argentina, caracterizada por los tres objetivos de “nación, constitución y libertad”. La nación entendida como la unión definitiva de las provincias argentinas como entidad superior a las partes que la componen. La Constitución como las bases de los derechos de las personas y del poder. La libertad concebida como principio del liberalismo que dio paso al “progreso” y relegó el “salvajismo”.

La cuestión a introducir ahora es: ¿qué tan presente tenemos hoy estos conceptos de uniòn, progreso y libertad? ¿Qué posturas sostenemos respecto de la educación de nuestros jóvenes en la actualidad? ¿Y cómo podemos optimizar  el proceso educativo?

En esta época, desafortunadamente el sistema pedagógico argentino dista mucho de las ideas sarmientistas. Y vemos las consecuencias todos los dias, con los paros indefinidos, manifestaciones, tomas de colegios, establecimientos educativos cayéndose a pedazos. Y más preocupante aún: alumnos que al salir de la secundaria emprenden estudios superiores, notan el vacio formativo que tienen y que es necesario erradicar para progresar en los estudios, desinterés general en la educación, y jóvenes que empiezan a trabajar cada vez más temprano sin educarse por razones voluntarias o involuntarias.

Esto demuestra que no solamente es necesario sancionar  leyes que conformen y reformen el sistema educativo, que ya hay muchas, sino que es necesario que el gobierno garantice el cumplimiento de las mismas, ya que más que nadie  tienen en su poder las herramientas adecuadas para realizarlo.

Hay muchos errores en la educación de nuestro país que pueden ser revertidos fácilmente para el bien de todos, en cuanto a los establecimientos, material de estudio, metodologías, etc. También es necesario crear más incentivos para que más personas puedan emprender un estudio y que pueda atraer un interés genuino por sobre la población.

La Educación es nuestro futuro, siempre lo será. No sólo es el derecho más importante sino que afecta directamente a todos los demás; es definitivamente la base de la sociedad e incluso es la base de nuestro gobierno. La educación es la única respuesta para crear un gran país, una gran nación. Las pruebas están al alcance de todos; sino, como diría Sarmiento, sólo hay que mirar a las actuales potencias. Él mismo cuando regresó de los Estados Unidos expresó: «Vengo de un país donde la educación lo es todo, y por eso allí hay democracia; y mi programa va a ser tierras y escuelas, es decir, darle al gaucho un pedazo de tierra para que trabaje y escuelas para sus hijos». El hombre que decía que hay que enseñarles a todos y puso en práctica ese proyecto, es alguien que quería a su pueblo. Fue definitivamente un hombre del siglo XX que le tocó vivir en el siglo XIX.

Para finalizar, en mi opinión, lo más notable de este educador es indudablemente su visión de país, que intentó llevar a acabo apasionadamente.  Sarmiento trató de divisar una nueva Argentina que rompiera definitivamente con el atraso, una realidad extremadamente deseable para nosotros también, y que constituye una lucha en la que debemos participar nosotros hoy también.

Melisa Tramannoni, estudiante de Licenciatura en Ciencias Empresariales, Universidad Austral Rosario.

Twitter: @Melu_T

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