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MEGALÓMANOS

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MARIANO FORTUNA

El pasado jueves, la legisladora Mara Brawer (Frente para la Victoria) presentó una propuesta legislativa para prohibir las cirugías estéticas en personas menores de 18 años. El fundamento troncal de esta tan ambiciosa como inconducente iniciativa es la advertencia por parte de la diputada, de que muchos padres están preocupados porque sus hijos, especialmente las mujeres, «no aceptan su cuerpo».

Para Brawer, esto ocurre por la existencia de «patrones culturales» que establecen «cómo debería ser el cuerpo ideal». Ante esta imposición social, la funcionaria kirchnerista consideró necesario «poner un límite a las exigencias del mercado» que tienden a una «homogeneización del físico», ponen «en riesgo la salud física y emocional del adolescente» y hacen «perder de vista la valoración del propio cuerpo y el de los demás». Y como es costumbre, agrega el latiguillo fatídico de todo funcionario invadido por la fiebre del poder, por la irrefrenable tentación de expandir la ascendencia de ese poder sobre los demás: “esto requiere la intervención y el cuidado del Estado”.

La megalomanía es un estado psicopatológico caracterizado por delirios de grandeza, poder, riqueza u omnipotencia. A menudo el término se asocia a una obsesión compulsiva por tener el control. En el caso de Brawer, la obcecación circula por una infundada creencia personal de que ha sido elegida para regular la vida de los demás, que en sí misma encarna el poder y el saber. Que conoce las motivaciones más íntimas de forma mucho más acabada que esas mismas personas, a las que esta diputada, desea cercenarle el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos.

Estos delirios de grandeza, no son patrimonio exclusivo de estos tiempos, es una vieja premisa presente en las mentes de corto alcance, de que la gente es capaz de elegir a sus gobernantes, pero es incapaz de manejar su propia vida. Claro ejemplo, es la iniciativa de permitir a los mayores de 16 años practicar el sufragio. Pues, si seguimos este argumento, los adolescentes se encuentran con plenas facultades de elegir a sus representantes, pero una vez que salen del cuarto oscuro pasan a ser nuevamente unos idiotas, que no saben qué hacer con su cuerpo, y necesitan que “Super Brawer” venga al rescate, con la solución perfecta de lo que necesitan para sus vidas.

Lo que desea hacer esta legisladora, es una discriminación inversa, un flagrante avallasamiento de los derechos de esas personas, sobre su elección de qué hacer con su vida y sobre todo de disponer de la propiedad privada, siendo el cuerpo, la primera propiedad de una persona.

El estado de derecho se funda en la igualdad de las personas ante la ley y el respeto irrestricto de los derechos de los demás, sobre todas sus elecciones, siempre y cuando no se lesionen derechos de terceros. Lo que debería hacer Brawer, es dedicarse a las tareas para las que fue elegida, conseguir que el estado provea de forma superadora la seguridad y la justicia. Y moderar su apetito por querer decidir sobre la vida y las haciendas de las personas. Lo “mejor” para los menores de 18 años, es lo que ellos crean que es el camino para lograr sus metas, y, en última instancia, lo que sus padres, dentro de sus responsabilidades, crean adecuado.

Mariano Fortuna.

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