MACARENA RAYA
Sin desmerecer a quienes dedican largas jornadas a la investigación y recopilación, al análisis e interpretación de estadísticas y censos, a la medición y establecimiento de parámetros, a desentrañar y consensuar el significado de las palabras y sus implicancias teóricas y prácticas, yo prefiero como quien dice “irme por las ramas”, y no hablar de las raíces que -si bien están en continua expansión- siempre estarán allí ancladas y sin mayores sobresaltos. Irse por las ramas es tratar de identificar cuáles son aquellos caminos que emergieron, cuáles ramas están secas, las que están en su esplendor y cuáles a punto de dar sus frutos sin olvidar aquellas semillas que han volado con suaves -o tormentosas- brisas y han polinizado otros campos.
Para continuar con la metáfora, me voy a referir a la “Democracia” como un árbol, no muy añejo, que ha atravesado temporales devastadores y machacazos. Lo quisieron talar pero que sin embargo sigue en pie, dado que ha habido personas, factores, intereses, reacciones a tiempo para salvarlo, emparcharlo, guiarlo y fortificar su robustez.
Pero llegó un momento en que la aceleración del tiempo lo encontró sorprendido, dubitativo, queriendo aplicar soluciones viejas a problemas nuevos. Se enfrentó lo consolidado a lo emergente. Y aquí se presentaron nuevos desafíos y nuevos actores involucrados.
Dijo el filósofo español Bernardo Toro: “Soñamos con una democracia vibrante, pero participamos poco de la vida pública. Queremos instituciones civiles sólidas, pero no fortalecemos nuestras organizaciones sociales (de barrio, cooperativas, asociaciones, federaciones, grupos culturales, deportivos, movimientos, partidos, etc.), que nos permiten proteger derechos y autorregularnos, es decir ser ciudadanos (…). Ser ciudadano implica, necesariamente ser actor político. Si entendemos por ciudadano, a una persona que tiene la capacidad, en cooperación con otros, de crear, conservar o modificar el orden social en que ella misma quiere vivir, cumplir y proteger para hacer posible la dignidad y la felicidad de todos, no es posible ser ciudadano sin implicarse políticamente en la construcción o transformación del orden social en el que se vive”. (1)
No puedo dejar de ser optimista porque veo que en la ciudad que admiro y que adopté como propia -Rosario- está a la vanguardia de movimientos sociales y culturales y cada vez más jóvenes se involucran para cooperar, potenciar y desarrollar un nuevo paradigma de ciudad. Con miles de defectos seguramente, pero al menos con la intención -y no solo expectativa- de que las cosas cambien. También concuerdo con Toro, en que una sociedad civil que se reconoce y tiene autoconciencia ciudadana es más influyente y se sabe cómo fuente de legitimidad. Y es éste el camino por el que estamos transitando, lento pero a paso muy firme.
Es la ciudadanía la que le da significado a la Democracia, la que la llena de contenido y valores. La democracia nos provee una caja de herramientas sumamente útil, como la celebración de elecciones periódicas mediante el sufragio, el respeto por los Derechos Humanos, un sistema pluralista de partidos políticos y organizaciones políticas, libertades -de expresión y opinión, de asociación- medios de información libres e independientes entre otros. Pero estas herramientas sin duda pueden ser desvirtuadas en su uso. Su eficacia podrá entonces estar en el respeto a los Derechos Humanos, a la legislación democrática y a la combinación de distintos esfuerzos del sector público, privado y de la sociedad civil.
Es al rol del ciudadano al que debe prestarse especial atención para el mantenimiento y crecimiento de este gran árbol. Asumir que no debemos delegar nuestro ejercicio cívico a favor de quienes no nos representan, ni a favor de quienes no respetan nuestros derechos ni garantizan nuestra seguridad, de quienes no salvaguardan la defensa de nuestra propiedad ni nos protegen como consumidores y usuarios.
Los mecanismos de la democracia participativa también pueden ponerse en práctica en todos los ámbitos considerando por ejemplo los impactos positivos y negativos que una empresa puede causar sobre una comunidad determinada, consultándoles acerca de decisiones a tomar, aunando esfuerzos y buscando soluciones comunes; es decir, involucrando a los distintos actores. Volvemos a lo dicho anteriormente: combinando esfuerzos de la sociedad civil, el sector público y el sector privado. Creo que es una de las alternativas más viables para superar el paradigma actual entendiendo al espacio colectivo como algo superador de los intereses de cada uno, logrando la tan ansiada Sinergia.
No quiero dejar de mencionar que justamente para lograr la Sinergia entre los distintos sectores, las plataformas virtuales deberían ser consideradas como el espacio de encuentro, comunicación, consenso y organización, protegiendo sin duda la libertad de expresión y opinión, pero sin intromisiones ni lesiones a la vida privada de quienes no piensan como uno. Páginas web, blogs, redes sociales son, en nuestro tiempo, inherentes a la vida cotidiana. ¿Por qué entonces no generar participación, deliberación y hasta algún día el voto electrónico implementado con éxito por otros países?
Otro desafío al que habrá que apuntar será al de captar a aquellos que se encuentran al margen de las decisiones políticas, económicas y sociales, y tal vez más cercanos al clientelismo. Que sientan que pueden ejercer sus derechos y libertades por la sola convicción de ser ciudadanos, y no como la retribución a un apoyo en las urnas, no es tarea fácil, ya que lleva décadas de consolidación, pero tal vez con el trabajo conjunto de organizaciones sociales especialmente las que trabajan en el territorio pueda lograrse abrir una grieta que permita introducir nuevos formas de pensar, de comunicarse y de involucrarse.
Es mi deseo que éste gran árbol se siga fortaleciendo, creciendo libremente, superando crisis, asumiendo nuevas responsabilidades, nutriéndose de ideas, acciones y valores y que para lograr esto tenga millones de buenos jardineros que lo rieguen a diario, lo cuiden y se enorgullezcan de él.
(1) MARCH, Carlos. “Dignidad para todos”. Editorial Temas. Buenos Aires, 2009.
Macarena Raya, Abogada, con Diplomatura en Responsabilidad Social y Desarrollo Sostenible. Voluntaria de la Fundación Junior Achievement y miembro del Grupo Joven de la Fundación Libertad.
