MACARENA RAYA
Recientemente la justicia provincial hizo lugar al pedido de una joven rosarina y ordenó a Google a dar de baja en su buscador, los enlaces que condujeran a sitios donde se mostraba un video privado de la damnificada con contenido sexual explícito.
Cada vez es más frecuente la adopción de este tipo de medidas, dado que las denominadas “nuevas tecnologías” traen de la mano conflictos de intereses, al que nuestro Derecho, indudablemente deberá adaptarse.
Es que la seguridad jurídica que se concibió desde los inicios de la civilización, primero a través de tablas, luego a través de una justicia retributiva y más tarde con la codificación se ve hoy agrietada, permeable. No encontramos hoy día en el plexo normativo una muralla insalvable que nos proteja de los avasallamientos de los otros. La realidad jurídica nos ha superado y con ella los límites a los que debemos atenernos o no en una sociedad democrática.
Internet dejó de ser un fenómeno para convertirse en una red natural y transversal a la vida cotidiana, a lo que nada ni nadie queda exento. Todo lo ve, todo lo oye, todo lo registra y todo lo que uno quiera subir a ese cielo –o infierno- puede hacerlo sin límites y sin castigos, sin respetar intimidad, derechos, autorías, veracidad, confidencialidad y rompiendo las fronteras territoriales.
Las consecuencias no son solo para las personas sino que los Estados también están sufriendo espionaje, hackeos y robos en bancos de almacenamiento de datos que tienen que ver con la actividad misma de un Estado de Derecho que vela por las libertades y garantías de sus habitantes.
El derecho a la intimidad es un elemento esencial para una sociedad libre, que Internet está fragmentando y avasallando. Los perjuicios que conlleva son morales y civiles. Rupturas familiares, extinción de relaciones laborales, bullying escolar y académico, fraudes y chantajes, y hasta crímenes, se encuentran, entre otros, en la vasta carta de perjuicios que implica.Todos sabemos que los empleadores recurren a las redes sociales para evaluar en forma anticipada el perfil de un futuro trabajador. Que nosotros voluntariamente publiquemos contenido personal o laboral es una decisión, pero que otros la tomen por nosotros no debería convertirse en natural.
El desarrollo informático produjo cambios estructurales en la sociedad y en el comportamiento individual, cuyo resultado final aún no podemos prever ni imaginar.
Las relaciones comerciales y de consumo, las relacioneslaborales, las relaciones sentimentales, las formas y canales de comunicación, la educación y hasta la opinión son objeto de la metamorfosis que las nuevas tecnologías han implicado. No dudo de las ventajas que nos brinda Internet de estar comunicados con habitantes de todo el mundo y de que la información sea simultánea en todos los rincones del planeta, de la transparencia que nos ofrece, de la visibilidad e inclusión de ciertos sectores que antes se encontraban desprotegidos, de la popularización del conocimiento, de la difusión de la cultura, de la solidaridad y de los negocios.
Como dijo el filósofo alemán Immanuel Kant: “El derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos”. Invito a reflexionar sobre la temática y a ser cautos en lo que permitimos que esa red invisible conozca de nuestras vidas ya que la información es Poder. Es hora de plantear reformas a las leyes vigentes y considerar los Principios Generales del Derecho como fuentes fundamentales para la solución de controversias y como luces indicadoras del camino a seguir. Deben primar los derechos inherentes a la persona en especial la dignidad, la intimidad y el honor y estar atentos a que se respete la confidencialidad que merecemos y las garantías que nos atañen por ser consumidores y usuarios.
Macarena Raya, Abogada, con Diplomatura en Responsabilidad Social y Desarrollo Sostenible, voluntaria de la Fundación Junior Achievement y miembro del Grupo Joven de la Fundación Libertad.