Grupo Joven Fundación Libertad

ESE MALDITO MERCADO MONETARIO: FINANCIAMIENTO DEL GASTO PÚBLICO

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GUILLERMINA SUTTER SCHNEIDER

Muchos bancos centrales tuvieron en sus orígenes motivos fiscales. Por ejemplo, Napoleón Bonaparte creó en 1800 el Banco de Francia con el propósito expreso de la compra de títulos públicos franceses para los que no había ningún otro mercado en el momento. El Reichsbank predecesor del actual Bundesbank, el banco alemán, surgió del antiguo Royal Bank of Berlin, fundado por Federico el Grande con el fin de gestionar los fondos del estado prusiano. Tampoco el Banco de Inglaterra quedó exento de convertirse en el prototipo moderno de banco central siendo que fue uno de los primeros en reconocer, en un primer momento tácitamente pero al fin oficialmente, su deber de rescatar a otras empresas financieras, sirviendo como prestamista de último recurso durante los periodos de estrés financiero. Sin embargo, los orígenes fiscales de los bancos centrales son a menudo pasados ​​por alto, sobre todo por parte de sus defensores, incluidos los propios banqueros centrales.

El hecho de que los primeros bancos centrales evolucionaran a partir de los bancos públicos establecidos por razones puramente fiscales, sugiere que cualquier potencial estabilizador que albergaban era inesperada por parte de sus fundadores. Este hecho podría significar simplemente que por un mero golpe de suerte, las instituciones diseñadas originalmente para servir a fines fiscales estrechas a los gobiernos sólo pasó a ser ideal, teniendo en cuenta las modificaciones constitucionales correspondientes, para la gestión de crisis científica. Sin embargo, George Selgin (2010) sostiene que los bancos públicos eran en sí las fuentes de inestabilidad y que su potencial estabilizador en el fondo era poco más que un potencial de auto-disciplina.

Rosende (1989), como defensor de la idea de autonomía referida a los Bancos Centrales sostiene que “(…) utilizando el principio de la separación de los poderes del Estado n el ámbito económico, se persigue lograr un cierto contrapeso de los mismos, de manera de promover un mayor grado de estabilidad en las organizaciones de la sociedad y, en consecuencia, de las políticas que de ésta surgen. (…) La concepción de un Banco Central Autónomo persigue precisamente plantear un contrapeso entre las instituciones que realizan política económica, de modo que favorezca una mayor independencia del sistema económico frente a los ciclos políticos en general, y los problemas de inconsistencia temporal en general.” Sin embargo, autores como Zahler (1989) señalan que “El principal argumento que se esgrime a favor de la autonomía del Banco Central es que si esta institución es efectivamente independiente del gobierno, éste no podrá utilizar el instituto emisor para financiar sus déficits y crear presiones inflacionarias. (…) En la medida que sus atribuciones sean muy amplias, un Banco Central autónomo termina siendo una suerte de cuarto poder del Estado. (…) En la medida en que en el país predomine un sistema presidencialista, como buena parte de las atribuciones del Banco Central son esenciales para la formulación e implementación de la política macroeconómica de corto y mediano plazo, esta institución pasa a ser determinante en el diseño y en la ejecución de política macroeconómica de los gobiernos.” Luego, Zahler da a entender que no sólo se necesita que el Banco Central sea independiente del gobierno sino también de los intereses privados, particularmente de los del sistema financiero. Además, el hecho de que las autoridades de esta institución monetaria no estén sometidos, como el resto de las autoridades generadas democráticamente, al juicio político, ni a enfrentar riesgos y/o eventuales pérdidas patrimoniales, puede constituir un incentivo a expandir su poder y extender su campo de acción. Concluyendo, el autor arguye: “Si se estima que el Banco Central posee una cuota de poder excesivamente grande, que pudiera atentar en la práctica sobre las bases de una sociedad políticamente abierta y democrática, más que independizarlo o tecnificarlo, lo que correspondería hacer sería limitar sus atribuciones y dispersar dicho poder, entregándole mayores facultades al Parlamento (…).”

Por lo anterior expuesto, el hecho de que hoy en día el gobierno tenga pleno control sobre el instituto emisor, es decir, sobre el dinero, lo ha librado del deber de ajustar sus gastos a los ingresos. Desde que los Ministros de Finanzas, asesorados por los economistas, consideraron que un balance deficitario constituía un acto plausible y que una unidad de gasto adicional no conllevaba costo alguno, ha sido imposible frenar el continuo y acelerado crecimiento del gasto público (Hayek, 1978). Los déficits fiscales y la facilidad con que el gobierno se excede de lo previamente presupuestado en la mayoría de las partidas del gasto público, también contribuye a incrementar el Producto Interno Bruto (PIB) a los que los gobiernos siempre hacen referencia cuando presentan sus objetivos. Asimismo, también se arguye desde el aparato estatal que los déficits son necesarios para reducir el desempleo. Así, otra vez el gobierno vuelve a defender su deber de contar con el monopolio de creación de dinero.

Bajo el hecho de que los gobiernos tienen la posibilidad de otorgar beneficios especiales a determinados grupos, estos se ven forzados a manipular las políticas públicas a fin de comprar el apoyo electoral para conseguir la mayoría. Este desvío de políticas van de la mano de un aumento del gasto público. Además, ningún gobierno puede resistirse a esta presión a menos que  de antemano quede establecida una barrera que le impida sobrepasarse. A pesar de que los gobiernos se van a ver forzados a tomar dinero prestado del público, es altamente indeseable que a fin de financiar el incremento de las partidas del gasto expandan el volumen de dinero. Pero más indeseable todavía es que se introduzcan así en circulación esas cantidades adicionales de dinero.

Guillermina Sutter Schneider, estudiante avanzada de Licenciatura en Economía, ayudante de cátedra de Macroeconomía I en la UNR, miembro fundador del Grupo Joven Fundación Libertad, y miembro fundador y responsable del área de Comunicación del Partido Liberal Libertario de Santa Fe.

Twitter: @gsutters

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